martes, 5 de marzo de 2024

Buenismo: “somos una nasió” y “euskalherría”


 

Confesemos de antemano nuestra ignorancia: no sabemos qué es el buenismo. Nos gustaría que alguien nos lo explicase honradamente. Los “inmortales” de la RAE lo definen como “actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia”. Esto deja mucho que desear, ya que hay ideologías que son partidarias precisamente de conflictos y violencias.

Por lo que hemos leído, llegamos a la conclusión de que una persona “buenista” puede definirse como un ser indolente y de mentalidad corta, que no es capaz de identificar todos los males que nos amenazan y, también, que se cruza de brazos y no hace nada para erradicar dichos males. También piensa que si actúas con buena intención, la persona con la que hablas también actuará de la misma manera; y si la tratas con cariño y diplomacia, la naturaleza de ese interlocutor se transformará: la bondad aflorará a raudales.

 El buenismo, según dicen sus defensores y creadores, tiene por objeto el reconciliar a toda la humanidad mediante el diálogo y la no violencia. Vana ilusión.  Vamos a ver: cuando el atentado de las Torres Gemelas, Angeles Maestro, diputada comunista, manifestó: “Se lo habían buscado”. Es decir, por una parte buscan el diálogo, y por otra justifican el terror.

 Este “buenismo pacifista”, además de la ilusión mencionada, se apoya en otra: creer que la paz es el supremo valor, teniendo que supeditarse los otros valores. Aparte de esto, también cree de forma pueril en la bondad de los humanos. Se juega con la emoción y se propone que sustituya a la acción. Porque, claro, es muy “emocionante” pensar en la Paz Universal; pensar en la idea de tolerancia; pensar en el multculturalismo; pensar en la Alianza de Civilizaciones,  etc, etc.

 Este “buenismo” ha llegado a ser una cosmovisión, sin fundamento filosófico ni mucho menos ideológico, incrustada en casi toda la izquierda europea y española. Esta visión es, cuanto menos, una cosa curiosa, ya que en la historia de toda la Humanidad, no se dan ni se han encontrado todas estas premisas de bondad humana. Parece que la ilusión de estas personas que creen en el buenismo, raya en la memez y en la estupidez.

 No olvidemos que los colectivos humanos que habitan la Tierra, aunque no lo parezca, tienen el sentido de arraigo o pertenencia a una determinada etnia, o si se quiere, a una determinada nación, muy elevado. Y en el caso de los casi mil millones de islamistas, este arraigo es aún más elevado por motivos religiosos.

 Pero todo esto de pertenecer a algo, se viene abajo cuando se emplea la “razón transformadora”, la que convierte el temor en amor; la que convierte al terrorista en un ser lleno de paz y de amor por el prójimo, y la que convierte, al fin, al hombre agresivo en bondadoso.

 En resumidas cuentas, parece que el buenismo es una visión un tanto ilusa  del mundo, aunque sospechamos que contiene otras connotaciones perversas, como pueden ser la destrucción de la sociedad basada en los principios cristianos, amparándose, de forma pomposa y llamativa, en los conceptos de igualdad y fraternidad de la Revolución Francesa, conceptos vilmente pisoteados posteriormente.

 En nuestra Patria el máximo líder y representante del buenismo  fue Zapatero, gran timonel él. Una de las joyas de este ejemplar fue la frase “el concepto de nación es discutido y discutible”. Discutido, ¿por quién? Discutible, ¿por qué?  Recomendamos a este nefasto expresidente, que lea la obra del filósofo D. Gustavo Bueno Martínez “España no es un mito” y aprenda algo. Además, este sujeto ¿no se da cuenta de que dice esto precisamente de una nación que es de las más antiguas de Europa y del mundo? ¿Cree asimismo este sujeto que el patrimonio religioso, cultural, lingüístico, etc, de una nación puede desaparecer así como así y por arte de birli birloque? Debería preguntárselo a catalanes y vascos a ver si lo de “somos una nasió”, o “euskalherría” es discutido y discutible.

 Y terminamos con otra joya de los buenistas: “La libertad debe permitir a los individuos actuar en todo momento de manera espontánea y siguiendo su pálpito emocional, sean cuales sean las consecuencias de sus actos: romper la estructura familiar, abandonar compromisos. . . ”. Preferimos no comentar esto. Se comenta por sí solo.



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