martes, 26 de marzo de 2024

De compañeros y jefes


 

Después de cuarenta años de trabajo, recordamos antiguos compañeros y jefes. Los hubo buenos, malos, regulares y pésimos.


Pero los peores, sin duda alguna, eran los de la adscripción política. Eran auténticos mercenarios de altos jefes. Su inquebrantable sumisión rayaba en el fanatismo. Siempre obedecían y nunca protestaban. Ante el dilema entre lealtad laboral y política, no tenían dudas: la política por encima de todo. La empresa pública era así, oiga.

 

Podían flaquear en algún aspecto, pero en el terreno de las convicciones eran cuadriculados: no admitían ninguna observación ni crítica. 

 

Presumían de dialéctica, pero en realidad lo que tenían era la última palabra como jefes que eran. De esta manera se terminaba cualquier asunto que se debatiera. 

 

Hubo quien nos delató por intentar apartarle de su abnegado camino como militante del PC.

 

Muchos de ellos han fallecido. Que Dios les guarde.




 

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