miércoles, 27 de marzo de 2024

Falsificando la Historia ( y I I I )


 

Los historiadores marxistas-leninistas tienen mucho que ver en esta falsificación. Como es sabido, el afán denigratorio y exclusivista es consustancial al marxismo-leninismo. Para éste, la historiografía sólo tiene sentido como lucha ideológica para acabar con lo que ellos llaman lo decadente, lo burgués, lo arcaico y demás monsergas. Para alcanzar la revolución social que preconiza, el marxismo-leninismo utiliza la exposición de la historia como un arma.

Es por esto por lo que los historiadores e intelectuales marxistas hacen sus aportaciones desplegando toda una batería de mentiras y descréditos, mediante una hábil propaganda de la que son maestros, para ajustar la historia a su materialismo dialéctico que, de forma machacona y contumaz, califican como científico. Toda idea, toda interpretación no marxista-leninista, quedan reducidas de forma dogmática a dos conceptos: explotación y dominación burguesa. Es decir: la historia se interpreta y se justifica como lucha de clases y si los hechos no concuerdan, se deforman, se omiten, se falsifican, se desvirtúan, etc, para encajarlos en la teoría. Todo esto trae la lógica consecuencia del desprestigio orquestado contra historiadores que, intelectual y honestamente, son superiores, como es el caso de D. Luis Pío Moa Rodríguez.

Aquellos historiadores e intelectuales, con su característica superstición intelectual y agresividad ideológica, anclados en media doce de tópicos propagandísticos, arremeten y desacreditan a todo aquel historiador que ose pensar de otra forma ¡¡Y después dicen que luchan y lucharon por las libertades y la democracia !!

Jean François Revel  en su obra “La gran mascarada”  ( I ) (Ediciones Taurus, 2000),  nos dice en la página 10 que el marxismo tiene “una inveterada deshonestidad en las relaciones con lo verdadero, secuela de la educación totalitaria del pensamiento”.

Decía Cicerón que la Historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad” .

Atendiendo a este criterio ciceroniano, es inexplicable la falta de ética o de moral de ciertos historiadores, sobre todo si son profesores universitarios. En muchos de éstos, la imparcialidad, la ecuanimidad, etc, brillan por su ausencia. No tenemos más que echar un vistazo, por ejemplo, a la historia que se enseña en diversas Autonomías: en muchos casos, es todo lo contrario a la de España y en otros se saltan alegremente períodos de tiempo sin ningún rubor.

El rencor, la revancha, el dardo envenenado, etc, es lo que guardan estos historiadores que se consideran como tales y como cronistas oficiales de la reciente historia de España. Es muy triste ver cómo en textos actuales de bachillerato se cuenta la historia con relatos de horror solamente de un bando y como, de forma subliminal, se incita al odio. Estos historiadores, enjaulados en una serie de prejuicios, no conducen más que al naufragio educativo que ha llevado a nuestros jóvenes a un desconsolador conocimiento sobre la historia reciente de España.

Lo que tienen que hacer estos historiadores que intentan, sin conseguirlo, silenciar y machacar toda la obra de Pío Moa, es demostrar que está equivocado mediante investigación y análisis. Pero esta investigación y este análisis no acaban de producirse. Como tampoco se produce el debate al que Pío Moa los ha retado en numerosas ocasiones. No aceptan tal debate porque no tienen argumentos serios que oponer, porque la visión que tienen de la historia es rácana y simplona: aquélla sólo es franquista o antifranquista, progresista o reaccionaria. Los hechos verdaderos no cuentan para nada.

La tan cacareada reconciliación nacional, señores historiadores de lo políticamente correcto, tiene que basarse, entre otras cosas, en la búsqueda de la verdad histórica. El mantenimiento de mitos y cuentos de hadas sólo lleva al odio y al enfrentamiento.

( I ).- Este libro se encuentra comentado en seste blog con fechas 1, 4 y 6 de febrero de 2.017. Recomendamos su lectura.



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