lunes, 25 de marzo de 2024

Falsificando la Historia ( I )


 

En nuestro artículo “Características de los historiadores”, publicado en este blog el 18 de enero del año 2.015, comentábamos los requisitos que todo historiador debe cumplir a la hora de lanzarse a narrar la Historia, concretamente la reciente de España.

Quizá lo que más daño haga no sean los historiadores, sino esos intelectualillos de medio pelo que intentan dar explicaciones científicas haciendo ecuaciones con el comportamiento de las masas, valiéndose de los poderosísimos medios de difusión ( ¿o serán de confusión?) que, como en la historia de Orwell, aspiran a que la Historia se escriba según sus deseos.

También hacen daño esos “historieteros” mendaces, asalariados de lo políticamente correcto, que escriben fascículos y más fascículos sobre la reciente Historia de España sin cuidar sus fuentes, y que son insertados en periódicos que tragan todo lo que se les eche.

Los medios antes mencionados, con el desarrollo, complejidad, técnica y poder que han alcanzado actualmente, ejercen una inmensa influencia sobre el “pueblo soberano” que ya lo quisiera para sí el propio Gramsci. En la citada Historia reciente de nuestra Patria se ha instalado la mentira que, obviamente, hay que distinguir del error. Éste, por nuestra condición de humanos, muchas veces es inevitable. Pero también es cierto que, reconociéndolo, tal error desaparece.

Esa mentira impune, a pesar de ser flagrante, casi nadie sale a la palestra a rectificarla. Se tergiversa, se oculta y se manipula de tal forma que las mentiras se van apilando unas encima de otras hasta llegar a distorsionar la realidad. La mentira se acepta y se deja circular porque cuenta con un buen número de tenores y oráculos que se dedican a ello. La falsedad deliberada constituye la bandera de los de la internacional de la mentira, del odio y del terror.

Las opiniones y valoraciones de los “famosos”, que por lo general no hacen más que majar, constituye, para muchísimas personas, el último dictamen. La estulticia y memez de un pueblo queda así reflejada. Es aterrador ver cómo se admite, sin el más mínimo análisis, lo que se dice.

Los “internacionalistas” antes mentados, emplean un método sibilino para defenderla: hacen creer a la gente que no se enteran de lo que quieren borrar o destruir. Se habla y se escribe con aplomo intelectual; se sabe de buena tinta; se analiza en profundidad; se diagnostica . . .

En estos últimos años se han escrito y se escriben artículos, libros, etc, sobre la Guerra Civil española. No se hace con rigor histórico, sino con unos prejuicios hostiles dirigidos y alentados por un poderoso equipo de protagonistas de pública y notoria parcialidad como los Javier Tussel, Santos Juliá, Paul Preston, Ian Gibson, Tuñón de Lara , Gabriel Jackson, Gerald Howson, Hugh Thomas etc.

El caso de este último, socialista británico él, es paradigmático y un tanto contradictorio: sostiene que la Iglesia pida perdón por los acontecimientos de la Revolución de 1934 y la Guerra Civil española. Sin embargo, no exige al PSOE o al PCE que pidan perdón por la matanza en las checas, por el genocidio religioso, por entregar el oro a Moscú, por intentar convertir a España en un satélite de la URSS, etc.

 No obstante, en su libro La Guerra Civil españolas 1936-1939”, reconoce que “posiblemente en ninguna época de la historia de Europa, y posiblemente del mundo, se ha manifestado un odio tan apasionado contra la religión y cuanto con ella se encuentra relacionado” .

Nota.- La imagen que insertamos corresponde a los religiosos (8 hermanos de La Salle y un fraile pasionista) asesinados en la localidad asturiana de Turón por los rojo-republicanos, no por los republicanos, durante la revolución de Asturias de 1934.

Continuará.



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