Dos palabras manidas y manoseadas, son las de fascista
y progresista, que se aplican de forma alegre y arrojadiza cuando interesa y
cuando no hay argumentos Así, por ejemplo, fascista se aplica en el sentido de
una persona mala, aviesa, siniestra, etc. Hay casos curiosísimos tales como el
de aplicar tal concepto a la ETA, como escribió en su día un pedante marxista
infumable.
Por otra parte, estos comunistas también dicen que los
que defienden la OTAN también son fascistas, lo que quiere decir que el
PPSSOOEE también es fascista porque en su día ratificó la entrada de España en
dicha organización, como recordarán.
Otro caso curioso del calificativo de fascista es el
de los colectivos de sodomitas, que llaman así
a los defensores de la familia heterosexual. Se podrían poner muchos más
ejemplos.
Lo que se deduce de estos ejemplos es que los que usan
tal calificativo, a su vez ellos se autodefinen como progresistas, que son un
dechado de virtudes y perfecciones, tanto sociales como económicas y políticas.
El que ose discrepar queda automáticamente anatematizado.
Por otra parte, se ha oído muchas veces a ciertos “sindicaleros”
y politiqueros hablar de la unión de “todas las fuerzas progresistas”. Porque
si ser “progresista” implica eliminar el basamento en el que se apoya nuestra
cultura, llevando con ello la destrucción de la familia, de la moral y otras
muchas cosas más, entonces la decadencia, la violencia y el libertinaje están
servidos. Y esto es lo que ha sucedido.
Con fechas 7 y 8 de febrero de 2017, hemos comentado
la obra “El libro negro del comunismo. Crímenes,
terror y represión”, Editorial Planeta,
1.998, 865 páginas, incluido el Índice Onomástico. Los autores son Stephane
Courtois, Nicolás Werth, Jean Louis Panné, Andrzej Paczkowski, Karel Bartoserk
y Jean Louis Margolin, todos ellos de izquierdas. Pues bien, cuando este
magnífico libro salió a la venta, tanto en Francia como en España, el silencio atronador (valga el oxímoron) de
este progresismo ha quedado patente. Ni una palabra de repulsa contra el comunismo por los
crímenes y genocidios. Lo único que han hecho ha sido colaborar con este
sistema con su silencio, con su desinformación y con sus mentiras.
En fin, este libro, y otros que se han
escrito después de la apertura parcial de los archivos secretos de la KGB, y
que se encuentran comentados en este blog, han servido para esclarecer las trampas y vocabularios semánticos de estos
“progresistas” que, como en el caso del Bobo Solemne y del actual “Presimiente”,
sólo han servido para la decadencia económica y moral por la que
atraviesan España y Europa.
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