lunes, 25 de septiembre de 2023

“El hombre nuevo soviético” ( I I )


 

El título completo del libro es “El hombre nuevo soviético. De la utopía a la realidad”, autor Michel Heller, Editorial Planeta S.A. 1985, 278 páginas incluido el Índice Onomástico.

Como decíamos en la anterior entrega, y ésta y otras sucesivas, veremos los capítulos intitulados “El trabajo”, páginas 111 a 136, y “La corrupción”, páginas 137 a 144.  El Capítulo I I, “El trabajo”, comienza con un párrafo de la constitución soviética:

“El Estado controla y fija la medida del trabajo y del consumo”. Bueno, a esto habría que añadir que el Estado lo controla todo.  El trabajo, según el marxismo-leninismo, era la base principal para crear el “hombre nuevo” del comunismo que, como ya sabrán, sería el paraíso sobre la Tierra.

En la página  112 nos dice el autor lo que pensaba Lenin sobre el trabajo y el comunismo: “Es moral lo que favorece la edificación del comunismo, quien trabaja bien en interés del comunismo es un hombre bueno y moral, y aquel  quien la labor no le entusiasma, es un hombre malo, amoral y, por tanto, un enemigo”.

A continuación se lee:

“La máxima sorpresa de los nuevos gobernantes en los meses que siguieron a la Revolución fue la falta de ardor por el trabajo, comprobable en el proletariado. Según la teoría, los opositores a la Revolución proletaria, sus enemigos naturales,  tenían que ser los responsables de las clases burguesas. Pero los hermosos discursos teóricos fueron barridos por la negativa a trabajar de aquella clase obrera, en cuyo nombre y por la cual el Partido había llevado a cabo la Revolución.

A partir de aquel momento se inventaron numerosas palabras destinadas a traducir el sorprendente comportamiento de los obreros. El vocablo ‘huelga’ resultaba conveniente para definir la actitud de los antiguos funcionarios que rehusaban servir al poder soviético, o incluso a los enseñantes contaminados por las ideas ‘pequeño burguesas’. Pero en un Estado proletario los trabajadores no podían hacer huelga: se ‘agitaban’, ‘saboteaban’, ‘desertaban del frente del trabajo’. Estas expresiones significaban la interrupción del trabajo en las fábricas y el cada vez más serio descenso del rendimiento de las empresas. En 1919 la producción industrial global era seis veces inferior a la de 1913, y el número de obreros había descendido a casi la mitad. La producción descendió brutalmente a partir de 1917, alcanzando en 1921 26, 27,1 por ciento de la tasa de 1913”

Sobre el tema del trabajo, nos cuenta el autor, página 133, el chascarrillo que circulaba por la Unión Soviética de los años setenta del pasado siglo, después de 60 años de dictadura comunista:

“¿La vodka perjudica el trabajo? ¡Dejemos de trabajar!”. Y sigue a continuación:

“Al alborear los años ochenta, los dirigentes soviéticos comprendieron que la URSS se había retrasado definitivamente en la carrera de las novísimas tecnologías y que aún en el caso de que el país adoptara dichas tecnologías, quedaría comprometida la estabilidad de las relaciones sociales en el interior de sus fronteras”.

Continuará.



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