martes, 13 de febrero de 2024

“Historia oculta del PCE” ( I )


 

Así se intitula el libro de Joan Estruch, doctor por la universidad de Barcelona, catedrático de Instituto y especializado en el estudio del movimiento comunista internacional. El libro está editado por Ediciones Temas de Hoy, 2.000, 302 páginas, incluido el Índice Onomástico.


 Este es otro libro que derrumba todo el mito comunista en general, y de sus miembros españoles en particular, tales como la Pasionaria y Santiago Carrillo, a la vez que narra la persecución y liquidación de miembros del POUM. Asimismo, también nos cuenta el autor cómo se “purgaba” o asesinaba a cualquier miembro o militante del partido que no siguiese la política del criminal Stalin, contándonos también el sectarismo y el stalinismo del PCE, por mucho que se haya dicho que era, y es, “democrático”.

 

En el Prólogo del libro, página 16, se lee:

 

“El drama histórico del PCE —escribe el autor en el prólogo— reside en que su larga lucha contra el fascismo no ha sido siempre auténtica lucha por la democracia. A partir del Frente Popular, lucho y defendió la democracia frente al fascismo, pero esa lucha tuvo un sentido táctico, ya que sólo era un medio para la toma del poder, un poder en el que sería suprimida la ‘democracia burguesa’. Así, durante la guerra civil, mientras los comunistas españoles luchaban contra el fascismo, el PCE apoyaba la represión estalinista en la URSS y reprimía violentamente a sus rivales (POUM) en España. Del mismo modo, durante los años del franquismo, el PCE combinaba la lucha por las libertades con la asfixia de cualquier discrepancia en el interior de su organización. Su defensa de la libertad quedaba, pues, desautorizada por su obediencia ciega al modelo soviético. Sólo a partir de los años setenta comenzará a afrontar esa incoherencia con objeto de ganar credibilidad democrática y consolidar su papel hegemónico dentro de la oposición franquista”.

 

A continuación, también se lee:

 

“Desde su bolchevización en los años treinta, el PCE mantuvo unas estructuras organizativas y un funcionamiento stalinistas: prohibición de cualquier discrepancia, despotismo de los dirigentes, combinado con el culto a la personalidad, enorme peso del aparato burocrático, dependencia económica de la URSS . . . Durante la clandestinidad, ese funcionamiento se justificaba con la coartada de la defensa frente al acoso policial. Pero cuando llegó la democracia ya no pudo sostenerse la contradicción entre las consignas democráticas de puertas afuera y los métodos antidemocráticos de puertas adentro. Estas contradicciones ideológicas y organizativas, proyectadas hacia la sociedad, provocaron la progresiva marginación política del PCE. Este fracaso propio, unido al hundimiento del sistema soviético, lo dejarían desprovisto de su histórica razón de ser”.

 

La propaganda comunista siempre ha sido enorme, hasta tal punto que hubo insensatos que lo comparaban con el cristianismo. En la página 31 se puede leer:

 

“La primera referencia elogiosa a la revolución bolchevique no aparece en El Socialista hasta marzo de 1918 y no procede la dirección del partido, sino del Grupo de Estudiantes Socialistas, del que más adelante saldrían los fundadores del PCE Español. El artículo está firmado por Manuel Cardenal, joven universitario que demostraba estar muy mal informado respecto a la ideología bolchevique, ya que entendía que los bolcheviques eran seguidores del pacifismo cristiano de Tolstoi:

 

“A la fuerza injusta del imperialismo alemán van a oponer los rusos, según la proclama de Trotsky, una resistencia de brazos cruzados. No quieren los rusos devolver mal por mal ( . . .) En 1918 se vence el odio a la guerra con el amor. Frente a las bayonetas alemanas, los revolucionarios rusos oponen sus corazones generosos. ¡Y son más fuertes los corazones que las bayonetas! A través de Europa ensangrentada, ya os saludamos, ¡oh, nobles revolucionarios rusos!

 

“Esta versión cristianizante de la revolución rusa no constituía un caso aislado. Eran bastantes los jóvenes universitarios de clase media que encontrarían en el comunismo “un magnífico sustituto de la fe cristiana perdida”, en palabras de un joven estudiante de Derecho, José Antonio Balbontín, que escribía poemas a la revolución rusa, materialización del “Reino de oro que el Cristo soñara”.

 

La verdad es que nos hace gracia este comentario del citado Manuel Cardenal, sobre todo en lo referente a las bayonetas y a los corazones generosos. No cabe duda de que Santiago Carrillo no coincide con él, cuando dijo aquello de:

 

"La caída rápida, estrepitosa y sin oposición de los regímenes de Europa oriental, se debió a que el comunismo fue impuesto por las bayonetas del Ejército Rojo. Cuando las bayonetas dejaron de sostener a esos regímenes, se cayeron”.

 

“¡Historieteros” del régimen, “catedraticoides” paniaguados, promotores de la “memoria democrática”, uníos y leed un poco de este magnífico libro!!

 

Continuará.



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