domingo, 2 de abril de 2017

Sumisión y ceguera


Como ya hemos dicho varias veces, la sumisión, la hipnosis y la ceguera del "pueblo soberano", son proverbiales.


Para que dicho pueblo soberano llegue a estos estados, la “conditio sine qua non”  es que el líder máximo, el gran “conducator”, "el gran timonel", es decir, el jefe, esté sugestionado, convirtiéndose, no ya en el “Gran Hermano” orwelliano, sino en el gran hipnotizador  y domador de masas que, con sus calculadas y premeditadas palabras a sabiendas de la inferioridad mental de dichas masas, remueven conciencias y aptitudes que degeneran en violencias de todo tipo. Como decía Signund Freud en su obra “Psicología de las masas y análisis del yo”, “si la multitud necesita un jefe, es preciso que él mismo posea determinadas aptitudes personales. Deberá hallarse también fascinado por una inmensa fe, para poder hacer brotar la fe en la multitud”.

Por otra parte, otra característica de estos domadores de masas, es que saben perfectamente que no actúan para minorías de personas escépticas, sino para inmensos rebaños que han perdido la más elemental capacidad  de crítica. 

Además de la palabrería, están los gestos. Así, la mano en alto de los romanos o el puño cerrado de los marxistas, no sólo representan los símbolos de una ideología, sino también la emoción colectiva que, en la mayoría de las veces, suele llevar al desastre

Y como se dice ahora, esto es lo que hay. Así estamos.







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