lunes, 14 de julio de 2014

Personajes célebres. Santos Dumont ( I I I )



Continuamos con Santos Dumont. En cierta ocasión se le incendió el motor en un vuelo. La nave quedó loca y sin rumbo. Trepando por una de las cuerdas apagó las llamas a sombrerazo limpio.

En otra ocasión se subió a su dirigible una señorita. Le dijo que se dirigiera a un campo de polo donde tenía lugar un encuentro entre ingleses y norteamericanos. Le dijo:

.- Diríjase hacia el campo de polo. Yo la seguiré en mi bicicleta e iré a buscarla. Si tiene miedo tire de esta cuerda. Si se desmaya, bajará usted un poco más de prisa de lo normal, pero no tenga miedo . .  no se matará.

Despegó y cuando el dirigible fue visto encima del campo, los caballos se asustaron y se encabritaron. La gente decía: “Ya está ahí otra vez ese Santos Dumont”. Pero cuando vieron que era una chica, Aida Acosta se llamaba, quedaron boquiabiertos. Descendió del aparato con toda normalidad y, una vez presenciado el partido, regresó a su punto de origen en medio del asombro del público. Esta chica era la única mujer que había tripulado sola un dirigible.

Le echaron en cara el que hubiese permitido exponer a una señorita a un gran peligro, a lo que contestó que volar era muy sencillo y que podía hacerlo hasta una pequeña.

Santos Dumont se adelantó cuarenta años a los hombres de la época. Intuyó un mundo nuevo unido y relacionado a través de vías aéreas, intuyendo también la posibilidad de una guerra en el aire. En su libro “Mis aeronaves”, escrito en 1904, decía:

“La nave aérea posee una ventaja incomparable, única: sus tripulantes pueden percibir los objetos que se mueven debajo del agua. Los submarinos les resultarán enteramente visibles, al paso que será casi imposible verlos desde el puente de un barco. Y mientras que el submarino no puede atacar a las naves aéreas, éstas, que desarrollan doble velocidad, pueden buscar a aquél desde el aire y delatar sus movimientos a los barcos contra los cuales opera. Es más: la nave aérea está en condiciones de destruir el submarino arrojándole unas largas flechas llenas de dinamita capaces de penetrar debajo del agua, cosa que no pueden hacer los cañones montados en la cubierta de un navío”.

Sim embargo, Dumont tenía la fe y la esperanza de que la verdadera función de dichos vehículos aéreos fuese la del transporte, tanto de personas como de mercancías. Ni qué decir tiene que estas ideas no fueron comprendidas en aquellos tiempos.

No obstante, en 1902,  el príncipe de Montecarlo le ofreció a Dumont construir una casa lo suficientemente grande para guardar sus globos, cosa que aceptó.

Continuará.


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