miércoles, 10 de junio de 2026

“Las mejores poesías de la lengua castellana”. ( I I I )


 

El título completo del libro es “Las mejores poesías de la lengua castellana. Recopilación de las mejores poesías de nuestra lengua desde el siglo X I hasta nuestros días”, EDIMAT LIBROS, Ediciones y Distribuciones Mateos, Madrid-España 1998, 829 páginas. Antes de nada, recomendamos leer este interesantísimo y extraordinario libro. No tiene desperdicio. Vamos a insertar algunas poesías y romances que aparecen en esta maravillosa y magnífica obra.

En las páginas 77 a 81 figura lo siguiente: “ROMANCES HISTÓRICOS (Crónicas del Siglo X I I I ) DE DON RODRIGO”, repartido en tres entregas: I, I I y I I I. Hoy veremos la I I I intitulada “El reino perdido”

 

 

( I I I )

“Las huestes de don Rodrigo

desmayaban y huían

cuando en la octava batalla

sus enemigos vencían.

Rodrigo deja sus tiendas

 

y del real se salía,

 

solo va el desventurado

 

sin ninguna compañía;

 

el caballo de cansado

 

ya mudar no se podía,

 

camina por donde quiere,

 

sin que él le estorba la vía.

 

El rey va tan desmayado,

 

que sentido no tenía;

 

muerto va de sed y hambre,

 

que de velle era gran mancilla;

 

iba tan tinto de sangre

 

que una brasa parecía.

 

Las armas lleva abolladas,

 

que eran de gran pedrería;

 

la espada lleva hecha sierra

 

de los golpes que tenía;

 

el almete de abollado

 

en la cabeza se le hundía;

 

la cara lleva hinchada

 

del trabajo que sufría.

 

Subióse encima de un cerro,

 

el más alto que veía;

 

desde allí mira su gente

 

cómo iba de vencida;

 

de allí mira sus banderas

 

y estandartes que tenía,

 

cómo están todos pisados

 

que la tierra los cubría;

 

mira por los capitanes,

 

que ninguno parecía;

 

mira el campo tinto en sangre,

 

la cual arroyos corría.

 

El triste, de ver aquesto,

 

gran mancilla en sí tenía,

 

llorando de los sus ojos

 

de esta manera decía:

 

“Ayer era rey de España,

 

hoy no lo soy de una villa;

 

 

ayer villas y castillos,

 

hoy ninguno poseía;

 

ayer tenía criados

 

y gente que me servía;

 

hoy no tengo una almena

que pueda decir que es mía.

¡Desdichada fue la hora,

desdichado fue aquel día

en que nací y heredé

la tan grande señoría,

pues lo había de perder

todo junto y en un día!

¡Oh muerte!, ¿por qué no vienes

y llevas esta alma mía

de aqueste cuerpo mezquino,

pues se te agradecería?”

En la próxima entrega veremos “Gozo de Santa María”, de Juan Ruíz, Arcipreste de Hita, páginas 102 y 103.

Continuará.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog