Vamos a dedicar unas entregas al tema de la realidad.
Según el Diccionario de los “inmortales” de la RAE,
energía es “Eficacia, poder, virtud de obrar”
Si no hay energía, no es posible que haya algo real.
Esto es de cajón de madera, de tabla, de árbol, oiga. También es imposible que
pueda haber vida en cualquiera de sus formas. De aquí se puede deducir que la
energía es el alma de la materia.
Los ateos dicen que la energía es un dispositivo, un
mecanismo, etc, inseparable de la materia. Las preguntas surgen inmediatamente:
¿Quién creó tal energía y materia? ¿Quién creó y de dónde viene todo lo que
vemos, oímos, palpamos, todo lo que nos rodea? ¿Cuál es nuestro destino?
En las mitologías y filosofías antiguas, el caos era
el estado anterior a la creación del mundo, encontrándose en dicho caos la
materia. Pero la realidad es que el caos es desorden, desbarajuste,
desorganización, incoherencia, anarquía, anomalía o carencia absoluta de ordenación.
Está sobradamente demostrado que la energía y la materia son un dúo inseparable,
como está también sobradamente demostrado que nada ni nadie puede crearse por
sí mismo, lo que implica la existencia de un Ser Superior o Supremo.
A poco que se piense sobre esto, salta inmediatamente
el pensamiento de la relación espacio-tiempo, ya que sin esto la materia y la
energía para nada valdrían. Pero, claro, oiga, los “pensadores químicos” echan
mano de lo que sea con tal de que el Ser Supremo, El Creador, Dios, desaparezca
del mapa, como quería el monstruoso Lenin cuando decía en una carta a Máximo
Gorki: “Toda referencia a Dios es un autovómito despreciable”.
Sin embargo, muchos, muchas y “muches” de la
internacional de la mentira del odio y del terror, hablan y hablan de un modo
“científico” de la evolución, sin comentar nada del mentado espacio-tiempo
¿Cómo no explican estos sujetos, sujetas y “sujetes” que este espacio-tiempo
está relacionado con la materia y energía, produciendo un alto nivel de progresión,
de graduación, etc, hasta llegar a la realidad del físico humano con su
característica espiritual, que le hace apto y competente para cavilar, para
deliberar, para premeditar, para pensar, para reverenciar, para apreciar, para
querer, para amar, para tener libertad, aunque en muchos sitios ésta no exista?
¿Puede todo esto venir del caos? Si esto es verdad, ¿Quién ordenó tal caos y el
Cosmos? En la próxima y última entrega veremos algo sobre esto.
Continuará.


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