Y terminamos con el asunto. Como decíamos en la
anterior entrega, comentaremos algo sobre el Cosmos.
Suponemos que recordarán aquella serie de TVE de hace
casi cuarenta años intitulada “Cosmos”, impulsada por el astrónomo y astrofísico norteamericano
Carl Sagan (1934-1996). Autor de varios libros sobre el Cosmos, este ateo
confeso pronunció en su día una frase un tanto incoherente para su
ateísmo: “La ausencia de pruebas no es prueba de ausencia”.
Es decir, que si de algo no se tienen pruebas o no se
ha demostrado nada, no quiere decir que no exista. Por otra parte, y
curiosamente, los ateos derivados del marxismo, tan filósofos y científicos
ellos, dicen todo lo contrario. El fanatismo y la cortedad quedan aquí
reflejados. La prueba de esto la tenemos en las palabras de Yuri
Gagarin que, al regresar de su viaje espacial en abril de 1961, dijo aquello
de “No he visto a Dios por ninguna parte”.
Desde luego, estas palabras chocan frontalmente con lo que opinaban
verdaderos sabios y científicos, como los Isaac Newton, Blas Pascal, Werner von
Braun, Einstein y un larguísimo etc., que eran creyentes. La frase
del astronauta es producto de un plan antirreligioso, más que científico,
propio de aquellos años en los que existía la Unión Soviética.
Por otra parte, el astrónomo inglés Stephen
Hawking, premio Príncipe de Asturias de la Concordia en el año 1989,
manifestó en su día que “El triunfo definitivo de la razón humana sería
llegar a conocer el pensamiento de Dios”.
Este señor no se dio cuenta de que el pensamiento de Dios está en la
Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Y si no leyó el Libro
Sagrado, parece mentira para que no se haya asombrado tanto del macrocosmos
como del microcosmos, viendo aquí a Dios. Seguro que no se dio cuenta de que el
ser más pequeño unicelular que se pueda imaginar es muchísimo más complejo que
el ordenador más potente que este señor pudo haber tenido. ¿Creería este señor que
el Cosmos es producto de la casualidad y no tenga un fin en sí mismo? A ver cuando
los científicos puedan hacer y dar vida a una célula sacándola de la
nada.
Además de lo expuesto, hay un asunto que es elemental: el pensar bien.
Se tienen por verdades las cosas que dicen filósofos, científicos,
pensadores e incluso los “famosos” del “Ente”. Ya sabemos que para muchas
personas el último dictamen lo constituye precisamente lo dicho por el citado
“Ente”.
Los mentados filósofos, científicos, etc, pueden decir muchas cosas ciertas,
pero también pueden equivocarse y decir verdaderas burradas. Y aquí es donde
hay que pensar bien, es decir, dirigir y orientar el entendimiento para conocer
la verdad, que no es otra cosa que la realidad de las cosas, salvo que digan lo
que Lenin decía, como ya saben, cuando le comunicaban que la realidad no estaba
de acuerdo con su doctrina: “Lo siento por la realidad”.
Muchas veces se transmiten conocimientos con una profundidad aparente que
cautivan a la gente, pero esa “profundidad” no es más que barata
logomaquia, propia de personas loquinarias y tarúpidas.
Vean este montaje que hemos hecho con varias imágenes del Cosmos y de la
Tierra, acompañadas de la música de la Sinfonía nº.6 “Pastoral”, de Beethoven.
Como recordarán, esta sinfonía la “situó” Walt Disney en el Olimpo, en su
película “Fantasía”. Según otras opiniones tal “situación” fue obra
de Leopold Stokowski, que dirigía la Orquesta de Filadelfia que se ve al
comienzo del citado filme “Fantasía”. Nosotros, modestamente, vamos
a situarla “un poco” más arriba del Olimpo.


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