Nació en Tarancón, Cuenca, en 1609, falleciendo en
Toledo en 1560.
Cuando estaba pronunciando su discurso en el Concilio
de Trento, al que había ido con otros españoles, el prelado italiano Guicciarni
dijo: “Como ladra ese bárbaro”, queriendo decir con esto que el latín de
Melchor no era correcto, aparte de pronunciarlo mal, cosa que era cierta en la
época del citado Concilio ya que Melchor no dominaba muy bien el idioma, aunque
comprendía y entendía que tenía que seguir cultivando el latín, a lo que se
dedicó llegando a un gran dominio de la lengua.
Como su inclinación fue la Teología, se fue a
Salamanca ingresando en la Orden de Santo Domingo. De allí se fue a Roma, en
donde se le nombró profesor de Teología, regresando más tarde a España
desempeñando la cátedra de esto mismo en la Universidad de Alcalá.
Pocas personas expusieron con talento y claridad la
Doctrina de Santo Tomás de Aquino, lo que trajo como consecuencia que muchas
personas venían del extranjero para escuchar sus lecciones. El rey Felipe I I
quiso nombrarlo confesor suyo, cosa que Melchor no aceptó ya que esto le
alejaría de su cátedra.
Cada vez que surgía algún tema sobre moral o dogmas,
los teólogos acudían a Melchor, a los que les explicaba de manera sencilla
estos asuntos.
Fue elegido prior del Colegio de San Esteban de
Salamanca. Hizo posteriormente otro viaje a Roma, muriendo al regreso en
Toledo.
Llegó a manifestar que los calvinistas y luteranos
eran los precursores del Anticristo.
Fuente: páginas 96 y 97 del libro “Cien
figuras españolas. Biografías de españoles célebres”, autor Antonio J.
Onieva, Imprenta Casa Editorial “Hijos de Santiago Rodríguez”, Burgos 1951, 212
páginas.


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