Vamos a dedicar unos artículos a intelectuales
comunistas que vivieron con gran lujo en el mundo capitalista, al que tanto
criticaban y odiaban, como también lo critican y lo odian los “comuniatas” de
la actualidad que también viven con gran lujo.
Después de comentar algo en las dos anteriores
entregas sobre Saramago y Neruda, ésta y la próxima las dedicaremos a
Rafael Alberti que, como decíamos en los artículos anteriores, fueron unos
intelectuales “comunistas” que vivieron con gran lujo en el mundo capitalista,
al que tanto criticaban y odiaban.
También decíamos que, en el pasado siglo XX, guerrero
y revolucionario, pulularon “pensadores químicos” e “intelectuales”, algunos de
ellos pedantes infumables que, dotados de una ceguera voluntaria (permítasenos
parafrasear el título del libro de Christian Jelen “La ceguera
voluntaria”, ya comentado en este blog con fechas 7 y 10 de enero del año
2017), cayeron en las redes del marxismo-leninismo, ideología totalitaria,
dogmática, tiránica, criminal y asesina, enemiga de la democracia y de otras
muchas cosas.
De estos “intelectuales”, por poner unos ejemplos, destacan el luso José
Saramago, el chileno Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalt (Pablo Neruda),
Rafael Alberti y el peruano César Vellejo, que en 1923 se vino a Europa no
regresando jamás a su patria. Además de éstos se podrían citar a A.
Breton, P. Eluard, L. Aragon, etc.
Y terminamos con Rafael Alberti recordando unas palabras suyas
pronunciadas ante los micrófonos de RNE al regresar a España, de la que había
huido cobardemente: “Marché de España con el puño cerrado y hoy regreso
con la mano abierta y tendida a todos los españoles”. Sin comentarios.
A continuación transcribimos lo que nos dice D. Juan Ignacio Luca de Tena en la
página 283 de su obra “Mis amigos muertos”, Editorial Planeta,
Barcelona 1972, 339, páginas:
“Aunque parezca extraño, la verdad es que yo no conocía a Alejandro Casona
con anterioridad a la guerra civil. Durante la Monarquía, cuando todavía era
posible la convivencia en España, yo había sido amigo de muchos escritores e
intelectuales de extrema izquierda, entre otros, para citar a muy conocidos, de
Julio Alvarez del Vayo, de Cipriano Rivas Cherif, de Jacinto Grau y del gran
poeta siempre y, en la revolución, intransigente y cruel
ciudadano Rafael Alberti, presidente de una organización llamada de
intelectuales antifascistas, que tenía una checa en la calle Serrano”.
Vamos ahora a la gran responsabilidad que tuvo el poeta comunista Rafael
Alberti en el asesinato de García Lorca, según se lee en el diario ABC de fecha
22 de enero de 1967, página 67:
“Más sobre la muerte de García Lorca. Un poema envenenado.
He aquí una versión poco difundida sobre las circunstancias que rodearon la
desaparición de Federico, escuchada en Buenos Aires de labios del ilustre
escritor, ex embajador de la República Española en Londres, D. Ramón Pérez de
Ayala. Dejamos consignado el relato como un aporte más al aguafuerte trágico y
confuso que constituye la misteriosa muerte de un gran poeta español, cuyo
nombre fue uncido al carro de la propaganda política sin entrar en
apreciaciones sobre su historicidad. En el estado actual de conocimientos sobre
el caso, resulta aventurado pronunciarse a favor de determinada versión. Contra
la que se transcribe a continuación, está el hecho de que Rafael Alberti se
hallaba en Ibiza al producirse el Alzamiento, y en la isla permaneció escondido
hasta ser conquistada por la expedición Bayo, el 15 de agosto de 1936, por lo
que difícilmente podía estar actuado en Madrid antes del 18, fecha probable de
la muerte del poeta granadino.
García Lorca que, por sus vinculaciones con las izquierdas, se había refugiado,
temeroso, en casa de su gran amigo el poeta falangista Luis Rosales, apenas
salía de su refugio. Cuando lo hacía, era atentamente observado por los
exaltados milicianos nacionalistas, que miraban con recelo a Federico. Parece
que en una de estas salidas fue preguntado por los milicianos a dónde iba.
Lorca contestó que a entregar unas cartas para unos amigos y familiares que
estaban en la zona republicana, y que un mensajero conocido se había ofrecido a
llevar. Los milicianos, probablemente falangistas, aceptaron la versión con
cierta incredulidad. Días después, por la radio de Madrid se escuchó la voz de
Rafael Alberti recordando al gran poeta republicano Federico García Lorca que
se encontraba prisionero de los traidores rebeldes, pero que no había perdido
su fe en el triunfo, y por eso había enviado a sus amigos de Madrid unos versos
que acto seguido iba a leer ante el micrófono. En efecto, Alberti dio lectura a
unos versos tremendos en los que se insultaba con los vocablos MAS SOECES a los
jefes sublevados, poesía evidentemente no imputable a Lorca, siempre correcto y
elegante de expresión. Tenían, por el contrario, aquellos versos, la factura de
Alberti, quien terminó la audición agradeciendo a Lorca el envío de sus versos
y haciendo votos por su pronta liberación.
Parece que los milicianos y falangistas que desde la zona granadina escucharon
la emisión, se encolerizaron contra García Lorca, considerándose burlados por
él cuando les dijo que iba a enviar unas cartas a los amigos y familiares de
Madrid, pues en realidad, y por lo escuchado, lo que había hecho era facilitar
material de propaganda con su nombre y firma a los republicanos. Esta supuesta
actitud de Lorca habría desencadenado la iracundia de sus fanáticos acusadores,
quienes le dieron muerte en un entrevero de desorden y terror que nunca pudo,
con certeza, aclararse. Amigos comunes de Alberti y Federico habrían reprochado
más tarde al primero el haber atribuido a Lorca unos versos que no había
escrito, y que habían equivalido a su condena de muerte, a lo que Alberti
respondió disculpándose que con ello había querido intentar evitar que los
nacionalistas utilizaran para su propaganda a Federico, adelantándose él para
dejarlo públicamente comprometido con la causa republicana ».
El gran intelectual mejicano Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura, nos dice
en su obra “El ogro filantrópico”, Editorial Seix Barral 1990, 352
páginas, lo siguiente:
«Casi todos los escritores de Occidente y de América Latina, en un momento o
en otro de nuestras vidas, a veces por un impulso generoso, aunque ignorante,
otras por debilidad frente a la presión del medio intelectual y otras
simplemente por ‹estar a la moda›, hemos sufrido la seducción del leninismo.
Cuando pienso en Aragon, Eluard, Neruda y otros famosos poetas y escritores
estalinistas, siento el escalofrío que me da la lectura de ciertos pasajes del
Infierno”.
Continuará.


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