Continuamos con el tema de la imbecilidad, que aparece
en la obra de Fernando Savater intitulada “Ética para Amador”,
Editorial Ariel, S.A., Barcelona, 38ª edición: enero 2001, 191 páginas. Esta
obra consta de I X Capítulos, páginas 17 a 165, además de “Aviso
antipedagógico”, páginas 9 y 10, “Prólogo”, páginas 11 a 15, “Epílogo”,
páginas 167 a 174, y “Apéndice: diez años después ante un nuevo
milenio”, páginas 175 a 189.
En el Capítulo V I intitulado “Aparece Pepito
Grillo”, páginas 91 a 109, nos habla el señor Savater, de forma sarcástica
e irónica, sobre la imbecilidad. Escribe:
“Por favor, no vayas a confundir la
imbecilidad de la que te hablo con lo que a menudo se llama ser ‘imbécil’, es
decir, ser tonto, saber pocas cosas, no entender la trigonometría o ser incapaz
de el subjuntivo del verbo francés aimer. Uno puede ser
imbécil para las matemáticas (¡mea culpa!) y no serlo para la
moral, es decir, para la buena vida. Y al revés: los hay que son linces para
los negocios y unos perfectos cretinos para cuestiones de ética. Seguro que el
mundo está lleno de premios Nobel, listísimos en lo suyo, pero que van dando
tropezones y bastonazos en la cuestión que aquí nos ocupa. Desde luego, para
evitar la imbecilidad en cualquier campo es preciso prestar atención, como ya
hemos dicho en el capítulo anterior, y esforzarse todo lo posible por aprender.
Saber cuánto son dos y dos es cosa preciosa, sin duda, pero al imbécil moral no
es esa la sabiduría que puede librarle del gran batacazo”
En la próxima y última entrega, veremos lo que nos
dice el autor en el Capítulo I X intitulado “Elecciones generales”,
páginas 149 a 165.
Continuará.


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