Y terminamos el comentario de este libro
de Antón Saavedra con lo que se dice de Vicente Álvarez Areces.
Como continuación del anterior artículo,
seguimos en las páginas 312 y 313:
“Y como no podía ser de otra
manera, entrar a formar parte de aquella onorata societá de la ‘cosa nuestra,
que había prometido cambio, llevaba implícito el ingreso en el club de ‘las
tres ces’; esto es, el cambio de
Compañera, Coche y Casa, por lo que contrajo matrimonio en segundas nupcias con
Soledad Saavedra, llevándola montada en su nuevo y lujoso coche hasta la
remodelada vivienda de lujo de 174 m2 , adquirida en el mes de julio
de 1.990, que ocupa los números 24 del Paseo de Begoña y 2 de la Plaza de
Piñole, de la villa de Gijón.
Esta vivienda era propiedad
de Carlos Martínez Acebal, uno de los socios de Centro Parking, el polémico
aparcamiento subterráneo de la Plaza 6 de Agosto, cuya licencia se otorgó
gracias al voto de calidad de Areces como alcalde de Gijón. Este industrial (que
también era propietario de la empresa Marace, dedicada a los saneamientos
gijoneses) recibió los 32 millones del importe estipulado en dos cheques
gemelos que ingresó en su cuenta de la oficina principal de la Caja de Ahorros
de Gijón, aunque su valor escriturado es de 16 millones de pesetas, que cubrió
con un préstamo de 14 millones de pesetas concedido por Oscar Granada Noval, en
su calidad de jefe apoderado de la Caja de Ahorros ¿Era consciente el alcalde
Areces de que la falsedad en documento público es delito más que suficiente
para la inhabilitación a perpetuidad de cualquier actividad política? ¿Se
acordará Areces cuando siendo alcalde denunció ante los Tribunales a un modesto
trabajador que le recriminaba desesperadamente mientras le reclamaba una
vivienda en la barriada de La Camocha?”
En la página 319, como consecuencia de
las tropelías cometidas en la Caja de Ahorros de Asturias, para transformarla “en
otra verdadera cueva de Alí Babá”, el autor no sólo arremete contra Areces,
sino contra los comunistas, en las personas de
Llamazares y Valledor. Se lee:
“Sí, señor Llamazares,
ustedes, los del Partido Comunista, también. Se erigió usted, precisamente
usted, en el ‘Rasputín tabernario’ que condujo aquel atentado democrático para
frenar la puesta en marcha de aquella comisión investigadora que ustedes
mismos, seguro que forzados por otras circunstancias, habían votado
hipócritamente a favor unos meses antes.
¿Qué cuestiones
inconfesables tenían que ocultar al haber sido, por acción u omisión, cómplices
de los escándalos de la Caja cuando estaban sentados en la misma mesa del
Consejo, más concretamente, entre los siete u ocho miembros que conformaban su
comité ejecutivo, donde la ‘familia areccina’ decidía aquellas tropelías contra
el pueblo asturiano? ¿A qué se referirían usted y su compañero de escaño, el
señor Valledor, cuando, habiéndoles entregado un amplio dossier documentado con sus correspondientes
auditorías sobre los sucios asuntos de la Caja, me contestaron: ‘Mejor no meneallo
Antón, porque podemos salir escaldados?’ Tal y como les había vaticinado por
escrito, así les fue a ustedes en las siguientes elecciones, en donde, no sólo
pusieron la alfombra para que su patrón de Gijón, Tini Areces, se sentara en el
sillón presidencial de Suárez de la Riva, sede del Gobierno asturiano, desde
donde con la mano se alcanza mejor la Plaza de la Escandalera sino para que
ustedes, disfrazados bajo las siglas de IU, sufrieran una estrepitosa derrota
que les coloca en un mero testimonio de lo que era el Partido Comunista de
Asturias.
En efecto, lo primero que
hizo Areces nada más llegar al Gobierno fue encargar la fabricación de un
decreto para cesar fulminantemente a Manuel Menéndez como presidente de
Cajastur, sustituyéndolo por otro amigo suyo en las conspiraciones comunistas,
Paulino García Suárez, que de ocupar un puesto en la Comisión nacional de
Mercado de valores pasó a desempeñar el denigrante papel de mamporrero del capo
Areces . . .”
En fin, no seguimos. Creemos que con
estos seis artículos sobre este libro de Antón Saavedra, nada sospechoso de
fascista, quedan muchas cosas aclaradas. Lo peor del asunto es que aún andan por ahí sacando
pecho y que aún, también, haya gente que les sigue votando.
En la página 441 aparece una imagen de Felipe
González. Al pie de la foto se lee:
“.
. . Felipe González fue militante activo de las Juventudes Universitarias
Masculinas de Acción Católica, donde comentaba los Evangelios y cantando el Cara
al sol . . .”.
Recomendamos leer este libro.


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