Como ya saben, el judío Karl Marx dijo aquello de que
la religión era el opio del pueblo. Lo que no dijo fue que el odio era, y es,
el opio del marxismo, como lo prueban palabras y frases de los monstruosos
Lenin y Che Guevara, por ejemplo. Así, el primero decía que la base de
cualquier movimiento socialista y comunista es el odio. También decía que se
debería enseñar a los hijos a odiar. Por su parte Che Guevara decía aquello de “El
odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo . . .”, y también
“un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”, diciendo
también que “un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar
motivado por odio puro”.
Dicho lo anterior, tal parece que el el doctor “Sancheznstein”
está inculcando odio y rencor en todas las personas que con comulguen con sus
planteamientos y principios. Esto lo vimos con el tema del coronavirus que, más
que preocuparse por combatirlo, le parecía más importante echar por tierra a
los contrincantes y adversarios. Lo principal es mantenerse en la poltrona,
importándoles un bledo, dos cominos y tres dídimos la grieta social que va en
aumento por mor del odio. Ahí tenemos los escraches que, según contra quién se
produzcan, se difunden o se callan.
Por otra parte, este tío y su “complexo”, que es un
conjunto enrevesado, confuso, complicado, enmarañado y de difícil comprensión, desprecian
a sus oponentes, radicalizando sus planteamientos y discursos, como mandan el
manual del agit-prop y el panel ideológico.
Mientras no se elimine y se desentierre el odio que se
está extendiendo dentro de “Los muros de la Patria mía”, seguiremos en esta ciénaga
en la que estamos inmersos.
En fin, cuando la discordia verbal se transforma en odio, éste revienta
con frecuencia en violencia. Si se tuviesen en cuenta los valores éticos y
morales, otro gallo nos cantaría, pero dichos valores sí que están en estado de
alarma, oiga.


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