Como decíamos en nuestros anteriores
capítulos, los sucesivos los íbamos a dedicar a lo que el autor, Antón
Saavedra, comenta sobre José Ángel Fernández Villa y Vicente Álvarez Areces.
Seguimos con José Ángel Fernández Villa.
En las páginas 120 y 121, se lee:
“La reconversión industrial
que aparecía en el programa electoral como una necesidad prioritaria que habría
de mejorar el sistema productivo y generar empleo se aceleró, pero para poner
en marcha el proceso de desindustrialización. Apenas habían transcurridos unos
meses de la llegada del PSOE al Gobierno cuando su presidente, Felipe González,
comenzaba a romper su compromiso electoral anunciado desde La Moncloa, el 16 de
febrero de 1.983, en una cena con catorce directores de periódicos regionales,
el final de la minería asturiana del carbón: ‘Es necesario un cambio de
mentalidad. Asturias necesita adaptarse a una nueva civilización, en que la
mina deje de ser el centro de atención y la gente debe ser consciente de que a
Hunosa apenas sí le quedan unos diecisiete años de vida’.
Aquellas manifestaciones de
Felipe González contrastaban con las que nos realizaba a los miembros de la
Federación Minera de UGT su propio
ministro de Industria y Energía, Carlos Solchaga, en reuniones que por aquel entonces
manteníamos todos los últimos viernes de cada mes en su despacho ministerial,
para tratar de poner en marcha la política minero-energética que el PSOR había ofrecido al pueblo español en su
programa electoral: ‘El carbón nacional -
nos decía Solchaga – deberá jugar un papel destacado en la disminución
de la dependencia energética del exterior, y este Gobierno considera que es
estrictamente necesaria la supervivencia, tanto de Hunosa, como del carbón
asturiano’.
Sin embargo, en una de las
reuniones celebradas, allá por el mes de diciembre de 1.983, ya nos ofrecía la
cantidad de 600.000 millones de pesetas para la reindustrialización de las
comarcas mineras asturianas, siempre y cuando nosotros aceptáramos, desde la
Federación, dejar la plantilla de Hunosa
(reducida a 14.000 trabajadores, de los cerca de 24.000 personas que tenía en
aquellos momentos) y, por fin, en el mes de mayo de 1.984, por cierto la última reunión celebrada, nos soltó
aquella lapidaria frase: ‘La mina de carbón español más rentable es la que está
cerrada’.
Aquello levantó un gran
enfrentamiento entre el sindicato y el Gobierno. Conectaba perfectamente con
las declaraciones de Felipe González y sus acólitos de la ejecutiva federal del
PSOE, en donde se encontraba el máximo dirigente del SOMA-UGT, Fernández Villa,
el cual, después de soltar públicamente la parida de que ‘para un solo pozo de
Hunosa habría que pasar por encima de su cadáver’ , se prestó a jugar, en una
posición de total entreguismo del sindicato al PSOE y al Gobierno, el
denigrante y sucio papel de dejar la minería asturiana reducida a la mínima
expresión”.
Continuará.


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