Vamos
a ver lo que nos dijo Séneca hace 2.000 años en su obra “De la brevedad de
la vida y otros tratados”, Editorial Mediterráneo 1985, página 27:
“En
cuanto a sus fines, ¡por Hércules!, es imposible considerarlos como ratos de
reposo, cuando se les ve con qué solicitud colocan su vajilla, con qué
rebuscamiento remangan las túnicas de sus eunucos, con qué ansiedad siguen el
paso de un jabalí desde la cocina a la mesa, con qué celeridad, dada la señal,
sus esclavos depilados se apresuran a su cometido; con qué arte cortan las aves
en finas tiras; con qué cuidad los desdichados pequeños esclavos limpian
sus vómitos de borrachos.
Este
es el modo de hacerse una reputación de magníficos y delicados, y sus
vicios los acompañan con tanta constancia en todos los períodos de su vida, que
no pueden comer ni beber sin ostentación”.
El
que quiera entender, que entienda.


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