Como decíamos en la anterior entrega, en ésta veremos
los odios y jaleos que se traían José Díaz, La Pasionaria y Antón.
Como ya sabrán, Jesús Hernández Tomás, fue un
comunista español que llegó a ser ministro de Sanidad y también de Educación
durante la Guerra Civil Española. Huyó a la URSS, comprobando allí los jaleos
que se traían los dirigentes del PCE, que también habían huido. En 1944 fue
expulsado del partido por “actividades antisoviéticas”.
Jesús fue autor de un libro que los “historieteros” de
ahora no mencionan para nada: “Yo, ministro de Stalin en España” ( I ), Editorial Nos, Madrid 1954, 447 páginas, en el
que nos narra los enfrentamientos, discrepancias y divergencias con la
dirección del PCE. Así, en las páginas 131 y 132, se lee lo siguiente:
“Pasionaria odiaba a Díaz. No podía
olvidar que él había hecho severos comentarios sobre sus clandestinas
relaciones amorosas con Francisco Antón, jovenzuelo de veinte años menos
que ella y prototipo de los trepadores sin escrúpulos. Antón era entonces el
Comisario del frente de Madrid, y entonces y siempre un auténtico señorito
comunista. . . En el momento en el que Buró Político tomaba la decisión de
sustituirle del puesto de Comisario, se le ocurrió a Prieto lanzar una andanada
contra el predominio de los comisarios comunistas. El Partido tomó la defensa
en bloque de sus posiciones, viéndose a incluir la de Antón, comprendido
en las reformas prietistas. Y con aquella pasmosa agilidad de nuestra
propaganda convertimos a Antón en una figura señera, junto con Miaja, de la
defensa de Madrid.
Comprendiendo Antón lo inestable de su situación, buscó la manera de afianzarse
en un puesto de dirección del Partido. Y dio en la flor de enamorar a
Pasionaria. Pasionaria le defendería. Pasionaria intrigaría cerca de la
delegación soviética para sostenerle a él. Y no se equivocó. Pasionaria olvidó
que era la mujer de un minero; se olvidó de que tenía dos hijos con tantos años
como su amante; olvidó que su esposo, Julián Ruíz, se batía en los frentes del
Norte; olvidó el decoro y el pudor; se olvidó de sus años y de sus canas y se
amancebó con Antón, sin importarle la indignación de cuantos sabían y conocían
sus ilícitas relaciones . . .Antón dejó de ser Comisario político del
frente de Madrid, pero pasó a dirigir la comisión político-militar del Partido.
José Díaz había dicho a Pasionaria: ‘Me tiene sin cuidado tus asuntos
privados, pero ya que tengo que ser forzosamente alcahuete de tus amoríos (pues
si el hecho trasciende se vendrá al suelo todo tu prestigio, y tu nombre lo
hemos convertido en bandera moral y ejemplo de mujeres revolucionarias), debes
saber que todo el aprecio que tengo por Julián lo siento de desprecio por
Antón'.
Era la Pasionaria una de esas pasiones seniles que en su desenfreno saltan
sobre toda clase obstáculos y que a ella habría de llevarla hasta el sacrificio
de su propio hijo. Rubén Ruíz, capitán del Ejército Rojo, se haría matar en la
URSS para huir de la vergüenza de ver a su padre comido de piojos y muerto
de hambre en una fábrica de Rostov y a quien, además, no le permitieron
visitar por prohibición expresa de su madre, mientras veía él a
Antón vivir espléndidamente y pasearse por Moscú en el automóvil de su
madre. Esa pasión provecta, insana, que motivaría la muerte de Julián en medio
de la más negra desesperación y maldiciendo el nombre de Pasionaria y de
Stalin, esa pasión era un odio inextinguible contra José Díaz, que le habría
escupido su desprecio en plena cara”.
En la foto,
Pasionaria en 1937 en medio del general Walker a su derecha, que era uno
de los mandamás de las Brigadas Internacionales, y de Antón.
( I ).- Este libro ya lo hemos comentado en varios artículos.
Continuará.



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