Hemos
escrito varias veces en este blog sobre la triste situación en la que se
encuentra España en estos momentos, por mor de separatismos, independentismos,
nacionalismos, soberanismos y todos los “ismos” que ustedes quieran, amén
del “sanchismo”. Vamos a ser obedientes recuperando la “memoria democrática” de
Su Sanchidad.
Como
ya sabrán, “Carlas” Puigdemont en su día fue imputado por el TS por el delito
de Rebelión, cuando tenía que haber sido por el de Sedición. En el artículo 472
del Código Penal se encuentra tipificado el delito de Rebelión: “Son reos
del delito de rebelión los que se alzaren violenta y públicamente para
cualquiera de los fines siguientes (…) 5º Declarar la independencia de una
parte del territorio nacional (…)”
Veamos ahora el delito de Sedición,
tipificado en el artículo 544 del mentado Código Penal:
“Son
reos de sedición los que, sin estar comprendidos en el delito de rebelión, se
alcen pública y tumultuariamente, para impedir por la fuerza o fuera de las
vías legales, la aplicación de las Leyes o a cualquier autoridad, corporación
oficial o funcionario público, el legítimo ejercicio de sus funciones o el
cumplimiento de sus acuerdos o de las resoluciones administrativas o
judiciales”.
¿Se acuerdan
de “¡Votaremos aunque el Estado español no lo quiera!” ( I ), o las instrucciones insurreccionales que se
dieron por redes sociales y demás, con el objeto de impedir que los miembros de
la fuerza pública cumplieran con su deber?
¿Se
acuerdan, asimismo, del acoso, hostigamiento, persecución, etc, sobre la
búsqueda de las papeletas, así como la ocupación en su día de los denominados “colegios
electorales”?
En fin, el
que quiera entender que entienda. Pero a las cosas hay que llamarlas por su
nombre. Sedición no es lo mismo que Rebelión.
( I ).- Recordar que las principales instituciones
separatistas, en un acto celebrado en su día en Barcelona, el que fuera jugador
de la selección española de fútbol José Guardiola, y que se embolsó unos
cuantos millones por esta circunstancia, leyó un comunicado en el que se
advertía: “¡Votaremos aunque el Estado español no lo quiera!”


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