Hay noticias que por “razones obvias” no
aparecen en los medios de comunicación, salvo honrosas excepciones.
Como sabrán, los libros sagrados de las
tres religiones monoteístas son los Evangelios, la Tora o Torah judía, y el
Corán islámico.
Dicho lo anterior, y como hay que recuperar
la memoria “histórica” y la “democrática” de Su Sanchidad, cosa que hacemos
frecuentemente, allá por el verano de 2012 un político israelí, de cuyo nombre
no queremos acordarnos, en el Parlamento de aquel país hizo trizas los
Evangelios, arrojándolos después a la basura ¿Se acuerdan?
La pregunta surge de forma evidente y lógica: ¿se
imaginan la que se armaría si un político cristiano hiciese lo propio con la
Torah o el Corán? La respuesta es bien sencilla: manifestaciones por todos lo
sitios y probable decapitación del sujeto.
También pudo observarse que ninguno
de esos “colectivos” de “artiscejos”, lameculos, y demás “troupe” de lo
políticamente correcto, no dijeron ni mu
sobre el asunto. Si hubiese sido al revés, saldrían a la calle como turbinas,
pues sus íntimas fibras se enervarían para proteger “las culturas”, oiga.
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