La influencia soviética durante la II Republica
Española, por mucho que traten de negarlo los “historieteros” de ahora, fue
innegable. Tanto las fotos, como los discursos, programas, pasquines, carteles,
etc, así lo demuestran.
Tal influencia se intensificó a partir de 1.934 sobre todo en la prensa. En el año 1.935 se celebró el VII Congreso de la Kommintern, la Internacional Comunista y, como no podía ser de otra manera, allí había gente representando a los comunistas españoles. Entre estos representantes destacaban García y Ventura.
Hace 86 años,
el 20 de agosto de 1940, era asesinado en Méjico León Trotsqui a manos del catalán
Ramón Mercader, a instancias del «padre del proletariado mundial», José Stalin.
Éste ordenó al verdugo del régimen soviético, Laurencio Beria, que buscara a
los espías más inteligentes de la Policía secreta bolchevique (entonces NKVD)
para la misión. Beria le dijo que los mejores eran los «camaradas españoles»,
pues ya tenían experiencia en las misiones secretas de los comunistas
soviéticos en la guerra civil española. «La sagrada misión» fue confiada a la
agente catalana María de las Heras («camarada Patria»). Ésta se infiltró en el
mundo de Trotsqui y le acompañó a Méjico, desde donde envió a Moscú información
sobre sus movimientos e incluso mandó un plano de su casa. Ella sería la
encargada del asesinato. Sin embargo, ocurrió un hecho no previsto: «Orlov»,
representante de la inteligencia soviética en España, desertó y se fue, ¡cómo
no!, a EEUU. Se temió que el desertor revelara cosas sobre María, por loque fue
llamada a Moscú y apartada de la misión. Beria nombró entonces jefe de la
citada misión a Pavel Sudoplatov, sujeto este que se jactaba de sus crímenes
(conviene leer su libro intitulado Operaciones
especiales), quien siguió decantándose por españoles. En las listas que
confeccionó había dos ex ministros del Gobierno republicano, pero Beria le dijo
que había que utilizar a gente poco conocida. Los elegidos pertenecían al grupo
«Madre», formado por Caridad Mercader y su hijo Ramón. La madre era de
confianza, ya que era amante de un oficial de la NKVD, L. Eitingon.
Como puede
verse, la influencia soviética en la república era pública y notoria, pero
también negada y omitida.
A ver si todo
esto figura en la “Memoria democrática” de su “Sanchidad”.


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