Y seguimos con la influencia soviética sobre la II
República española que, como ya hemos dicho varias veces, se sigue omitiendo
por los “historieteros” de ahora.
En la reciente historiografía izquierdista sobre la II
República Española, es frecuente ver cómo se ensalza al Ejército Popular,
elevándolo a la categoría de heroico y preñado de jefes con talento,
disciplina, amén de profesionales, tales como Rojo, Enrique Líster, El
Campesino, etc., comentando además que eran superiores a los del bando
contrario. Si efectivamente eran superiores a los del otro bando, no se
entiende muy bien el que fueran derrotados. No obstante hay quien habla de la
inferioridad del Frente Popular, asunto este también un tanto extraño, ya que
en las manos del mentado Frente Popular estaba prácticamente la industria civil
y militar, amén de las reservas económicas y financieras de la España de
aquellos años.
Por otra parte, no hay que olvidar que el mismísimo día 19 de julio de 1.936,
el Gobierno hace dos cosas: a) repartir armamento entre las masas, y c)
licenciar a todo tipo de tropa que pudiera ser sospechosa de rebelión, con el
objeto de que los rebeldes careciesen de soldados. Pero el asunto les salió
mal, pues una vez licenciadas las tropas y ya en sus domicilios, no mostraron
ningún interés posterior para incorporarse nuevamente.
A partir de aquí es cuando empiezan a actuar los milicianos movidos, no por
disciplina militar, sino llevados por el consabido ardor
revolucionario.
En setiembre de ese mismo año llegan las armas y
“consejeros” soviéticos. Stalin era, a la sazón, el amo de las reservas
financieras de la República y, como es obvio, el dueño también del Frente
Popular. Los comunistas españoles, influenciados y guiados por la Unión
Soviética tenían intención de implantar en España los saberes y
experiencias del Ejército Rojo.
Este nuevo ejército republicano, estaba vigilado y controlado por citados
“consejeros” soviéticos, que además se encargaban de adoctrinar a la tropa.
Al mismo tiempo, se crearon instituciones de espionaje, como el Servicio de
Investigación Militar (SIM), fundado por Indalecio Prieto por indicaciones de
Orlov, que era el lugarteniente de Stalin. El citado Orlov organizó aquí en
España, y al margen del Gobierno, la NKVD que, como es sabido, era la Policía
Política Soviética.
Otro producto de estos “consejeros” soviéticos fue la Brigada Mixta.
En la próxima entrega veremos, entre otras cosas, algunas palabras de D. Julián
Besteiro, que era el único marxista sensato que tenía la cabeza sobre los
hombros.
¡Menudo “vínculo luminoso”!
Continuará.


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