Como decíamos en la anterior entrega, en esta última
veremos algo sobre lo escrito en este libro intitulado “Tratado de las
buenas maneras para que no sea usted un cursi ni un hortera”, Editorial
Planeta S.A. 1992, Colección Fábula 272, 154 páginas, que aparece en las 119 a
121 con el título “Lección 29. La vez”. Se lee:
“En España las personas que van a los
mercados, y muy especialmente las que compran de cualquier producto de carne o
pescado un “cuarto y mitad”, en lugar de hacer cola y esperar turno, esperan “la
vez”. El novato de mercado que pretenda comprar una mísera sardina sin hacer ostentación
de “la vez”, se queda sin sardina, y muy probablemente, sin honra. Porque no
hay nada más deshonroso que recibir el regaño, la agresión y la colectiva
bronca de todas las señoras que en ese momento pululan por el mercado “por no
haber pedido la vez”. “Vuelva otra vez con la vez, sinvergüenza”, le dijo en
cierta ocasión una ama de casa muy profesional a un turista alemán que hizo
cola durante dos horas para comprar un kilo de solomillo.
“¿Quién tiene la vez?”, grita una señora
que llega a toda velocidad. “Yo tengo la vez”, responde la última de la cola
tras superar los efectos del choque. “¿Quién me da la vez?”, inquiere una
tercera recién llegada que viene a su vez de dar la vez en el puesto de
verduras y legumbres. “La vez es suya”, le contesta la que anteriormente había
aterrizado en directa y que es
dominadora de los secretos del mercado. “¿Usted es la última?”, cuestiona con
gran timidez un hombre con aspecto de haberse quedado solo en casa por unos
días. “Sí”, responde la poseedora de la vez con cierto desprecio. “¿Quién tiene
la vez?”, pregunta una cuarta señora que toma posición inmediatamente de vez recibida.
“La tengo yo y se la doy a usted”, responde la tercera, saltándose a la torera
el turno del señor con aspecto de haberse quedado solo en casa por unos días. “Se
ha saltado usted mi turno, señora”, protesta fina y educadamente el pobre señor
ante la evidencia de sus derechos conculcados. “¡Aquí el turno no sirve para
nada, grosero!” – le gritan todas al unísono—Aquí el que no quiera la vez no
tiene nada que hacer, majadero”, le berrean otras señoras ajenas al suceso,
pero que inmediatamente se solidarizan con sus compañeras traficantes de la
vez. “Y no ponga usted esa cara porque llamo inmediatamente a un guardia”,
amenaza la última en medio de una atronadora ovación por parte de las amas de
casa.
¿Es lícito morir de hambre por negarse a
poseer la vez? La respuesta no puede ser otra. No sólo es lícito, sino
recomendable, elogiable y elegantísimo. Quien muere de inanición por no
permitir que la ordinariez de la vez y el “cuarto y mitad” pasen por sus manos
es una persona admirable”.
Como habrán comprobado en estos tres libros que hemos comentado de Alfonso Ussía, su humorismo, su ironía, sus sátiras, su jocosidad, su sarcasmo, etc, aparecen por todas las esquinas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario