Estamos en unos tiempos en los que todos, todas y “todes”, es decir, las personas, oiga, nos encontramos zambullidos en un mar de pantallas, ya sean del “ente”, de los PC o de los teléfonos móviles, cuyas “noticias” constituyen el último dictamen, es decir, la falacia “ad verecundiam”: lo dijo Blas, punto redondo.
Las tramas y componendas que se ven y se escuchan en
dichas pantallas, están haciendo que el “pueblo soberano” no se entere de nada.
Las situaciones que se fingen y que se falsifican, ocultando la verdad y la
realidad, amodorran e hipnotizan de tal manera que hacen que nuestras
sensaciones espirituales queden por los suelos, o desaparezcan. Tal parece que
en vez del avance y del “progreso”, estamos retrocediendo a los tiempos romanos
del “panem et circenses” (“pan y circo”), frase del satírico poeta Juvenal.
Como supondrán, en estos momentos el “circo” es más
estirado y rebuscado: “furbo”, droga, alcohol, series del “ente” con
exhibiciones de tetas y tabalarios, “documentales”, etc, etc. Lo que esto trae
es un lavado de cerebro y una manipulación que ni el propio Gramsci se lo
hubiera imaginado.
En fin, dicho “pueblo soberano” ha dejado de ser actor
y protagonista para convertirse en un simple oyente, espectador, asistente,
etc, de lo que tiene encima, creado, instaurado, organizado, implantado, etc,
por Su Sanchidad y su “complexo”. A ver si se atreven muchos, muchas y “muches”
a reventar el sapo, aunque casi seguro que prefieren tragárselo.


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