martes, 6 de diciembre de 2011

La Ópera ( I I )


ESPECTÁCULO Y ARTIFICIALIDAD
     
Hasta la época de Cavalli (1600-76) todas las óperas fueron representadas para recreo de la nobleza y de grupos intelectuales. Al abrir Cavalli en Venecia el primer teatro público de ópera (1637) la ciudad se entusiasmó hasta el punto de que a fines del siglo había abierto ya 16 teatros. Para adaptarse a este nuevo público, la ópera sufrió cambios importantes. El público desconocía los ideales del clasicismo perseguido por las primeras óperas y sólo pedía un espectáculo con despliegue escénico y música atractiva. Cavalli se esforzó en satisfacer esos deseos y compuso unas 40 óperas. Por primera vez estableció la distinción entre "aria" y recitativo. La ópera italiana llegó a Francia cuando Cavalli fue llamado a Paris para preparar el montaje de una de sus óperas dentro del marco de festejos organizados para celebrar la boda del rey Luis XIV. A él, más que a ningún otro compositor, cabe atribuir aquel estilo pomposo y sujeto a normas preestablecidas que durante muchos años había de seguir la ópera italiana. Y fue el primer operista de la escuela veneciana.


ALESSANDRO SCARLATTI (1659-1725)
    
 Fundó la escuela operística napolitana, sucesora de la anterior. Introdujo pocas innovaciones, ateniéndose a las normas establecidas por Monteverdi y Cavalli; pero sus obras tuvieron considerable importancia, pues influyeron sobre otros compositores e introdujeron ciertas alteraciones de detalle, como el modelo de la obertura italiana (dos tiempos rápidos separados por otro lento), el ARIA DE CAPO y el recitativo con acompañamiento. Durante un siglo la ópera de desvió muy poco del patrón bosquejado por Cavalli y establecido definitivamente por Scarlatti. No pasó de ser un mero espectáculo. Los CASTRATI dominaban la escena con su potente voz de amplio registro. Lo artificioso estaba a la orden del día. Esta nueva música alcanzó un éxito inmenso; mas, a medida que adquiría mayor desarrollo, siguió cauces muy distintos a los que concibieron sus creadores. Cabe señalar una excepción a la tendencia general. El compositor inglés HENRY PURCELL (1658-95) recibió en 1689 el encargo de componer una ópera para un colegio femenino y escribió DIDO Y ENEAS, obra calificada como una de las más originales manifestaciones del genio en toda la historia de la ópera. Aún hoy sigue siendo sumamente sugestiva con su sencillez sin pretensiones. En ella, texto, música y ballet se combinan con una maestría raras veces igualada. No obstante, Purcell no tuvo imitadores ni creó escuela, por lo que su ópera aparece como caso único.


COMBINACION FRANCESA DE ÓPERA Y BALLET
     
Entretanto la ópera italiana había alcanzado gran popularidad en Francia, donde el BALLET, que había precedido a la ópera, desempeñaría en ella un papel importante. La primera ópera francesa representada en público fue POMONE, de Pietro Perrin y Robert Cambert; aunque presentó una deshilvanada mezcolanza de canto y ballet, obtuvo gran éxito y se mantuvo durante muchos meses en el coliseo que construyera Perrin después de haber recibido del rey un monopolio teatral en 1669. Este monopolio fue revocado más tarde y pasó a manos de JEAN BAPTISTE LULLY, italiano de nacimiento, considerado el padre de la ópera francesa.

   
  Lully (1633-87) no escribió arias, pero dio al ballet una importancia creciente y logró notables efectos escénicos. Desde 1672 hasta 1687 compuso una ópera anual escenificada con la magnificencia digna del rey Sol. Aunque además dio a la obertura nueva forma, sus óperas son hoy prácticamente desconocidas.



Escuchen a Montserrat Caballé en "O Mio Babbino Caro", de Puccini

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

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