La implantación del comunismo en aquella República de
1931, quedó reflejada en la reunión de la Internacional Comunista, ya que
varios miembros de la misma creían y estimaban que la España de aquellos años
ya estaba apta y madura para la revolución que perseguían, según los dogmas
comunistas.
Sin embargo, algunos de los miembros de dicha
Internacional seguían considerando a España como un país capitalista. Por
tanto, había que hacer todo lo posible para aniquilar el régimen republicano e
implantar la dictadura del proletariado.
A pesar de esto, algunos dirigentes del PCE estimaban
más conveniente la colaboración con los partidos democráticos. Como esta
actitud no gustaba a los jerarcas de Moscú, entre 1930 y 1931 varios miembros
de la citada Internacional vinieron a España para convencer y persuadir a los
citados dirigentes del PCE para que siguiesen las instrucciones y órdenes de
Moscú, órdenes que consistían en sabotear la incipiente república que se
acababa de crear.
Estas instrucciones moscovitas, no fueron
aceptadas por el PCE con las prisas y diligencias que Moscú esperaba. Ni
qué decir tiene que inmediatamente comenzó la purga de estos miembros del PCE
que no aceptaban lo que Moscú les ordenaba.
A tal efecto, en octubre de 1932 el Comité Ejecutivo de la Internacional
comunista (CEIC) convocó en Moscú a la jefatura del PCE, que fue
expulsada automáticamente de la Internacional Comunista. José Bullejos, a la
sazón supremo mandatario del PCE, junto con sus seguidores y partidarios,
fueron sustituidos por un grupo de personas astutamente seleccionadas, algunas
de las cuales habían estado varios años en la Escuela “Lenin” y en la academia
“Frunze”, nombre este en honor de Mijail Frunze y que era la Academia Militar
del Ejército Rojo.
En esta nueva directiva del PCE diseñada por Moscú, estaban José Díaz,
Jesús Hernández, Vicente Uribe, Antonio Mije, Manuel Hurtado, Enrique Líster y
Dolores Ibarruri. (Recomendamos ver el libro de José Bullejos “La Comintern
en España. Recuerdos de mi vida”, Impresiones Modernas, México D.F.,
1972, páginas 202-207).
Como podrán observar, en el nombramiento de estos nuevos jefes comunistas, no
intervino para nada el pueblo. La ausencia de democracia de la que cínicamente
cacarean tanto los comunistas, es notoria. Además, y para controlar la sumisión
y lealtad de estos nuevos jefes, Moscú envió a España al argentino Vittorio
Codovilla, que fue el verdadero jefe del PCE. Su actuación fue denigrante, ya
que se enfrentó a anarquistas y socialistas además de rechazar la colaboración
con los partidos de izquierda. Sobre este asunto recomendamos leer “Queridos
camaradas”, autores Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, Editorial Planeta,
1999, 532 páginas, concretamente lo que se dice en las páginas 110 y 188. Este
libro lo tenemos comentado en este blog con fecha 27 de enero de esta año 2.026.
¿Figurará esto en la “memoria democrática” de “Su
Sanchidad” y de Sor Yolanda?
Continuará.


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