jueves, 10 de septiembre de 2026

Respeto, orden y libertad

 


Cuando en una democracia no hay ni respeto, ni orden ni libertad, ni justicia, y sí bota, bozal, grillete y zahúrda, se llega al fanatismo, a la intolerancia, a la intransigencia, al despotismo, al absolutismo y a todo lo que ustedes quieran añadir. Esto es lo que tenemos en estos momentos en esta irreconocible España de Su Sanchidad.

Por mucho que digan los de la internacional de le mentira, del odio y del terror, la verdadera Libertad es mucho transcendental y fundamental que la democracia. La Libertad, no la libertad, no se crea ni nace de ningún “consenso” de eso que llaman parlamento, sino que está por delante y anterior a cualquier configuración y disposición gubernativa o estatal.

Se habla mucho de derechos, pero de obligaciones caca de la vaca flaca. Cuando los derechos de un pueblo quedan bajo las pretensiones, apetitos, ambiciones, antojos, caprichos, empeños, etc, de algunos, algunas y “algunes” que tienen la sartén por el mago, desaparecen la independencia, la libertad, el albedrío, etc, de las personas, apareciendo el “colectivismo” que, como está sobradamente demostrado, genera hambre, necesidades, carencia, miseria, pobreza, indigencia, penuria, etc, etc.

La democracia tiene muchos peligros si carece de custodia, de amparo, de garantía, de vigilancia, de valores éticos, etc, que protejan y mantengan un orden, una conducta, una disciplina, un compromiso, etc,  en beneficio de todos, y no de la “nomenklatura”.

En fin, si Juan Jacobo Rousseau levantara la cabeza diría: ¿qué ha sido de mi “Contrato social?




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