Cuando en una democracia no hay ni respeto, ni orden
ni libertad, ni justicia, y sí bota, bozal, grillete y zahúrda, se llega al
fanatismo, a la intolerancia, a la intransigencia, al despotismo, al
absolutismo y a todo lo que ustedes quieran añadir. Esto es lo que tenemos en
estos momentos en esta irreconocible España de Su Sanchidad.
Por mucho que digan los de la internacional de le
mentira, del odio y del terror, la verdadera Libertad es mucho transcendental y
fundamental que la democracia. La Libertad, no la libertad, no se crea ni nace
de ningún “consenso” de eso que llaman parlamento, sino que está por delante y
anterior a cualquier configuración y disposición gubernativa o estatal.
Se habla mucho de derechos, pero de obligaciones caca
de la vaca flaca. Cuando los derechos de un pueblo quedan bajo las
pretensiones, apetitos, ambiciones, antojos, caprichos, empeños, etc, de
algunos, algunas y “algunes” que tienen la sartén por el mago, desaparecen la
independencia, la libertad, el albedrío, etc, de las personas, apareciendo el “colectivismo”
que, como está sobradamente demostrado, genera hambre, necesidades, carencia, miseria,
pobreza, indigencia, penuria, etc, etc.
La democracia tiene muchos peligros si carece de
custodia, de amparo, de garantía, de vigilancia, de valores éticos, etc, que
protejan y mantengan un orden, una conducta, una disciplina, un compromiso,
etc, en beneficio de todos, y no de la
“nomenklatura”.
En fin, si Juan Jacobo Rousseau levantara la cabeza
diría: ¿qué ha sido de mi “Contrato social?
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