No hace falta ser ningún premio Nobel para darse cuenta de que España es despreciada. Y es despreciada y desplazada por una razón muy sencilla: porque estamos perdiendo y abandonando nuestro patrimonio tradicional.
Mientras otros pueblos empiezan a resurgir después de haber soportado durante setenta años una dictadura insoportable, criminal y asesina, nosotros parece que volvemos a despeñarnos por mor a una nueva fatua revolución atosigante que hace que nuestros valores, tales como el sentido de justicia, el sentido religioso, la hidalguía, el sentido del deber, la fidelidad, al amor al arte, al derecho, a la filosofía etc, etc, se desvanezcan o, mejor dicho, se anulen y se destruyan. Es como si trataran de entumecer el verdadero espíritu nacional desviándolo por otros cauces que están fuera de la corriente de nuestra historia. Así, se nos emborracha diariamente con temas ruines, triviales y de baja política, a la vez que se hurga y se remueve en lo más bajo e insano del espíritu, diciéndonos, por ejemplo, que Felipe II era el “Demonio meridiano”, o que el descubrimiento de América fue obra de ladrones, criminales, aventureros, etc,. Es decir, vuelve la leyenda negra mezclada con el invento “zapateril” de la “alianza de civilizaciones”.
Sobre esta “alianza” se podrían decir muchas cosas. Fijémonos sólo en una: la
cultura. En este campo, lo mismo que en otros muchos, hay parásitos y
trabajadores. Estos últimos, con sus fábricas, con sus adelantos, con sus
inventos, etc, son los que envían o exportan su cultura a los primeros. En
estos momentos parece que España se ha convertido en “parásito”, a pesar de
tener un fondo cultural envidiable, fondo que se está destruyendo como todos
sabemos, y a pesar, también, de tener una lengua que es una de las más habladas
del mundo, y a la que también se la está atacando.
En fin, esta pandilla que nos desgobierna trata de dar explicaciones técnicas y
“científicas” a todo sin darse cuenta de que, cuando sobre una nación se abaten
la decadencia moral y espiritual, automáticamente sufrirá el decaimiento
económico. Y en esas estamos.
Pero es igual, oiga: seguimos sacando pecho con la “regeneración
democrática”, con el “vamos viento en popa a toda vela”, con el “rearme
moral” y con el “España va como nunca”.


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