Como ya saben, el monstruoso Lenin decía que la
mentira podía ser una buena arma revolucionaria. Efectivamente tenía razón. Se
hablaba del “hombre nuevo”, del “provenir radiante de la Humanidad”, etc, etc.
Pero la verdad es que el social/comunismo es un gran engendrador de miseria,
amén de opresión, terror y horror.
Muchos, muchas y “muches” se creen que esta ideología,
más bien doctrina, surgió como un trance de cariño al pueblo. Los “idiotas
útiles” del citado Lenin, para algo están, oiga.
El social/comunismo es un sistema totalmente
fracasado, como está sobradamente demostrado. Lo que en realidad es, es un
montaje tirano para controlar todo lo habido y por haber, bajo la pantomima de
la igualdad, valiéndose, entre otras cosas, de la “rivolta culturale” del
italiano Antonio Gramsci, sujeto este del que ya hemos comentado en este blog.
Lo que muchos sujetos, sujetas y “sujetes” no se dan
cuenta es que una de las bases del sistema en la abolición y supresión del individuo,
pues el papá Estado es el encargo de regular todo lo humano. Tal papá Estado
está constituido por una élite política que se auto define como gran
representante del “pueblo soberano”.
Otro de los pilares del social/comunismo es crear
rencor, odio, inquina, etc, amén de división, con le objeto de romper y separar
la sociedad. Esto lo estamos viendo en estos momentos en España.
Uno de los peores asuntos es que este sistema, si se
le puede llamar así, se ha introducido y penetrado en los “mass-media”, en la
educación y en otras instituciones, intentando suprimir la libertad individual
para conseguir el “único pensamiento”.
Nos decía en cierta ocasión un pedante marxista
infumable, que cuando hablásemos de este tema teníamos que cuidar nuestras
fuentes, diciéndonos también que “la historia soviética, a pesar de tantos
libros publicados, es insuficientemente conocida en Occidente”. Seguro
que este sujeto no leyó los libros que se publicaron después de la apertura
parcial de los archivos de la KGB soviética, algunos de los cuales están
comentados en este blog.
Si sólo se leen los libros de “Ruedo Ibérico”, de
Carlos Marx, de Lenin, de Rosa Luxemburgo, de Carlos Marigella, de Antoio
Gramsci y la Enciclopedia Soviética, es comprensible que se diga semejante
majadería. Si el pedante marxista al que aludíamos más arriba, hubiese
leído “Mis veintiséis prisiones y mi evasión de Solovki” , de
Youri Bezsonov, capitán de Caballería de la llamada “División Salvaje”; “Sinfonía
en rojo mayor” del médico de la NKVD José Landowsky; “Los
caminos de la libertad” , del premio Nobel Bertrand Russel; “Cartas
a Stalin” , de M. Bulgákov y E. Zamiatin; “La vida soviética” ,
de G. Froment-Meurice; “La tentación totalitaria” , de
Jean-François Revel; “La gran mascarada”, también de Revel; “El
terror bajo Lenin” , de Jacques Baynac; “Después de la caída” ,
de Robin Blackburn; “La ceguera voluntaria” de Jelen
Christan; “Máscaras: el comunismo entre bastidores” , de Juan
Carrascal; “Unión Soviética, de la utopía al desastre” , de
Vladimir Boukovski; “La corrupción en la Unión Soviética” , de
Ilia Zemtsov; “KGB. Leales camaradas, asesinos implacables”, de
Slava Katamidze; “Koba el Temible”, de Martin Amis; “La
inevitable derrota del comunismo”, de James Burnham; “El libro
negro del comunismo”, de Stephane Courtois; “Rusia inacabada”,
de Hélène Carrère D'encausse, y varios más que tenemos comentados en este blog,
seguro que no hubiese dicho la majadería de marras, aunque sospechamos que su
fanatismo y ceguera no le harían retractarse de nada.
Aparte de lo mencionado, también hay que tener en
cuenta los escritos y obras de Koestler, Pasternak, Solzenhistin, Ettore
Vanini, Czeslaw Milosz (Premio Nobel de Literatura 1980), S. Melgunov, J.
Bjzzinski, Yuri Kariakin, Carlos Semprún, K. Bartosek, P. Sudoplatov, B.
Souvarin, Francisco Félix Montiel, Enrique Castro Delgado, André Frossard, F.
Furet, André Gide, D. Hyde, W. Krivitsky, S. Koch, Alexander Nokolsky, alias
“Orlov” (jefe de la KGB en España que se refugió en EE.UU., en donde publicó
una serie de artículos muy interesantes), Tatiana Goritcheva, Irina Osipova,
Jesús Hernández etc, etc, etc, todos ellos desencantados del comunismo, o muy
críticos con él, con excepción de Pavel Sudoplatov que en su obra “Misiones
especiales” se jacta de sus hazañas criminales.
A ver si Su Sanchidad y su “complexo” leen estos
libros citados para ver también el “vínculo luminoso” republicano, oiga.


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