domingo, 15 de febrero de 2026

Poesía del Siglo de Oro, Los mejores romances de la lengua castellana y Rimas y Leyendas de Bécquer ( X X I )


 


Continuamos con los libros “Poesía española del Siglo de Oro”, Ediciones 29, Madrid 1990, 113 páginas; "Los mejores romances de la lengua castellana", Edicomunicación, S.A., 1999, 256 páginas, y “Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas y Leyendas”, Editorial EDIMAT LIBROS (Ediciones y Distribuciones Mateos), Madrid 1999, 317 páginas incluido “Índice”.

En las páginas 43 y 44 del primer libro, figura “Coplas a lo divino”, autor San Juan de la Cruz:

“Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance

Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino,
que de vista me perdiese;
y con todo en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance

Cuando más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance,
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto tan alto
que le di a la caza alcance

Cuando más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: No habrá quien alcance;
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance

Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé sólo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance”.

En las páginas 137 y 138 del segundo libro, aparece e “Romance de la misa del amor”:

“Mañanita de San Juan,  

mañanita de primor,
cuando damas y galanes  

van a oír misa mayor.
Allá va la mi señora,  

entre todas la mejor;
viste saya sobre saya,  

mantellín de tornasol,
camisa con oro y perlas  

bordada en el cabezón.
En la su boca muy linda  

lleva un poco de dulzor;
en la su cara tan blanca,  

un poquito de arrebol,
y en los sus ojuelos garzos  

lleva un poco de alcohol.
Así entraba por la iglesia  

 relumbrando como el sol.
Las damas mueren de envidia,

  y los galanes de amor.
El que cantaba en el coro,

  en el credo se perdió;
el abad que dice misa,

  ha trocado la lición;
monacillos que le ayudan,  

 no aciertan responder, non;
por decir amén, amén,

  decían amor, amor”.

En las páginas 45 y 46 del tercer libro figura la Rima número XXVI, que dice:

“Voy contra mi interés al confesarlo;
Pero yo, amada mía,
Pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
De un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
Se haga cruces y diga:
«Mujer al fin del siglo diecinueve,
Material y prosaica…» ¡Bobería!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
Que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
Con genio, es muy contado quien la escribe,
Y con oro, cualquiera hace poesía”.

Continuará.



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