Continuamos con los libros “Poesía
española del Siglo de Oro”, Ediciones 29, Madrid 1990, 113 páginas; "Los
mejores romances de la lengua castellana", Edicomunicación, S.A.,
1999, 256 páginas, y “Gustavo Adolfo Bécquer. Rimas y Leyendas”,
Editorial EDIMAT LIBROS (Ediciones y Distribuciones Mateos), Madrid 1999, 317
páginas incluido “Índice”.
En las páginas 45 y 46 del primer libro,
figura una poesía de San Juan de la Cruz intitulada “Canciones del alma”. Se lee:
“En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,
A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa
en secreto que nadie me veía
ni yo miraba cosa
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía
en sitio donde nadie aparecía.
¡Oh noche, que guiaste!,
oh noche amable más que la alborada,
oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba
allí quedó dormido
y yo le regalaba
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
y en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”.
En las páginas 138 y 139 del segundo libro,
figura “Romance de Don Tristán”. Dice así:
“Herido está don Tristán
de una muy mala lanzada,
diérasela el rey, su tío,
con una lanza herbolada,
diósela desde una torre;
que de cerca no osaba;
que el hierro tiene en el cuerpo,
de fuera le tiembla el asta.
Tan malo está don Tristán,
que a Dios quiere dar el alma.
Valo a ver la reina Iseo,
la su linda enamorada,
cubierta de paño negro
que de luto se llamaba.
Viéndole tan mal parado,
dice así la triste dama:
-Quien vos hirió, don Tristán,
heridas tenga de rabia,
y que no hallese maestro
que sopiese de sanallas.
Tanto están de boca en boca
como una misa rezada:
llora el uno, llora el otro,
toda la cama se baña:
el agua que de ellos sale
una azucena regaba;
toda mujer que la bebe
luego se siente preñada.
Así hice yo, mezquina,
por la mi ventura mala”.
En las páginas 46 y 47 del tercer libro
aparece la Leyenda X X V I I, que dice:
“Despierta, tiemblo al mirarte;
Dormida, me atrevo a verte;
Por eso, alma de mi alma,
Yo velo mientras tú duermes.
Despierta, ríes, y al reír tus labios
Inquietos me parecen
Relámpagos de grana que serpean
Sobre un cielo de nieve.
Dormida, los extremos de tu boca
Pliega sonrisa leve,
Suave como el rastro luminoso
Que deja un sol que muere. . .
-¡Duerme!
Despierta, miras y al mirar tus ojos
Húmedos resplandecen
Como la onda azul en cuya cresta
Chispeando el sol hiere.
Al través de tus párpados, dormida,
Tranquilo fulgor vierten,
Cual derrama de luz, templado rayo,
Lámpara transparente. . .
-¡Duerme!
Despierta, hablas y al hablar vibrantes
Tus palabras parecen
Lluvia de perlas que en dorada copa
Se derrama a torrentes.
Dormida, en el murmullo de tu alma
Acompasado y tenue,
Escucho yo un poema, que mi alma
enamorada entiende. . .
-¡Duerme!
Sobre el corazón la mano
Me he puesto, porque no suene
Su latido, y de la noche
Turbe la calma solemne.
De tu balcón las persianas
Cerré ya, porque no entre
El resplandor enojoso
De la aurora y te despierte. . .
-¡Duerme!”
Nota.- Como podrán observar, todas las frases
empiezan por letra mayúscula. Así figura en el libro.
Continuará.


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