Estos conceptos, y los que ustedes quieran añadir, son
enemigos más amenazadores y alarmantes que la perversidad y la malignidad. Y
por mor de esto, así actúan muchos, muchas y “muches”, que hacen que el “pueblo
soberano” aplauda a ciertos sujetos, sujetas y “sujetes” que lo único que hacen
es emponzoñar a dicho “pueblo soberano”.
Contra la perversidad, contra la maldad, etc, se puede
combatir y pelear, pero muchos, muchas y “muches” saben que contra la estupidez
nada quieren hacer porque las personas estúpidas son gente con poca
inteligencia, ya que, entre otras cosas, son incapaces de usar su propio juicio
porque se entregaron a una estrella, a un “estrello” o a una “estrelle”, o a
una caterva, que tienen en sus mentes ciertas nefastas ideologías.
Curiosamente, estos conceptos reseñados en el título
los tienen muchos tíos, tías y “tíes” que adquirieron en su día poder político,
social, económico, etc. La cosa llega a tal extremo que esta gente no se da
cuenta que son herramientas y utensilios de otros, no dándose cuenta tampoco de
lo que verdaderamente son.
Lo peor del asunto es que el “pueblo soberano” se
siente colaborador de algo grandioso e importante, amén de sentirse que está en
el lado adecuado y correcto de los asuntos que se ven por los “mass-media” de
sus divos.
En fin, lo peor es pensar acompañado, pero escoltado,
no pudiendo jamás pensar de forma propia y, por supuesto, decir y manifestar lo
que se piensa.


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