Como decíamos ayer en nuestro artículo intitulado “Los
cuentos de hadas del sanchismo ( V I I I )”, vamos a comentar algo sobre el
libro “Queridos camaradas. La internacional comunista en España 1919-1939”,
autores Antonio Elorza y Marta Bizcarrondo, catedrático de Ciencia Política en
la Universidad Complutense el primero, y catedrática de Historia Contemporánea
en la Universidad Autónoma de Madrid, la segunda. Editado por Planeta en mayo
1999, consta de 532 páginas. La obra trata sobre la influencia de la
Internacional Comunista en España durante la Guerra Civil, según la apertura
parcial de los archivos soviéticos, a los que han tenido acceso algunos
historiadores privilegiados.
La interpretación que hacen los profesores Elorza y
Bizcarrondo de los citados documentos, es un tanto ideologizada. Desconocen o
“ignoran” documentación que se encuentra en España y que no por eso deja de ser
tan importante como la soviética. “Ignoran”, por ejemplo, que el 22 de enero de
1937 Andrés Nin escribió una carta a la Comisión Ejecutiva del Partido
Socialista en la que pedía que se incluyese al POUM en la unificación con el
PSOE y el PCE.
También “ignoran” el artículo de Nin “El
problema de los órganos de poder en la revolución española”. Esta
documentación desmiente los comentarios gratuitos que estos dos catedráticos
hacen sobre Nin: su pensamiento, su táctica política, el papel de Nin y del
POUM en la guerra, etc.
Los periodistas Dolores Genovés y Llibert Ferri
(autores del documental “Operación Nikolai”), investigadores de los archivos de
la KGB y del Archivo Histórico Nacional de Madrid, han encontrado pruebas
documentales del encarcelamiento, tortura y asesinato de Andrés Nin por parte
de Orlov, Gero, Stepanov, etc todos ellos agentes de Stalin en España.
¿Cuál es la nueva perspectiva que Elorza y Bizcarrondo
aportan al asunto? En realidad o aportan nada. Más bien pretenden destruir lo
que denominan “el mito de la pureza de Nin y del POUM”, diciendo
que Nin y el POUM eran revolucionarios que aspiraban a una revolución social y
que no luchaban por la defensa de la República. Esto ya se sabía de sobra. Por
tanto, nada nuevo bajo el sol.
En vez de narrar los hechos históricos tal como
sucedieron, los profesores se ponen a dar consejos sobre la táctica acertada
que los estalinistas debían haber practicado en España. Se lamentan de que la
NKVD y el PCE encarcelaran, persiguieran, torturaran, calumniaran y asesinaran
a los miembros y dirigentes del POUM. Pero no lo lamentan porque la calumnia,
la mentira, la falsificación, el asesinato, etc. sean reprobables y aberrantes
por sí mismos, sino porque ahora se conocen los asesinos y también se sabe la
execrable participación de los estalinistas españoles. Lo que Elorza y
Bizcarrondo dicen es que hubiera sido mejor propagar lo antes mencionado: que
Nin y el POUM eran revolucionarios y que no defendían la República. Con esta
táctica los “estalinistas de toda la vida”, aparecerían como los “campeones de
la democracia” y no tendrían por qué avergonzarse de tanto crimen
Aparte de todo esto, la obra tiene muchos errores e
imprecisiones que no cabrían en este resumen. El libro termina con una frase
del Palmiro Togliatti, uno de los responsables de la política criminal
estalinista: “Si algún día regresásemos a nuestros países, hemos de
tener presente desde un principio: la lucha por el socialismo significa lucha
por mayor democracia. Si nosotros, los comunistas, no nos convirtiésemos en los
más consecuentes demócratas, la historia nos arrollará”.
No cabe duda que así fue.


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