Como ya hemos dicho en el artículo anterior, vamos a decir unas entregas a Cuba.
Hacia finales de 1961, el pueblo cubano creía a pies
juntillas que caminaba hacia la “gran igualdad social”. En diciembre de ese
mismo año, Fidel Castro se declaraba marxista-leninista, reconociendo que había
engañado al pueblo por conveniencias tácticas con el objeto de llegar al poder.
Se alió con la Unión Soviética, quien proporcionó un descomunal subsidio al
régimen. Poco a poco, Castro iba convirtiendo a Cuba en un bajalato. La
Revolución que se había proclamado “verde como las palmas”, se convertía en
“roja”, ya que empezaba a utilizar los mismos métodos que el bloque soviético.
Después de casi 70 años de opresión y represión, parece que las metas
igualitarias no se han conseguido. Más bien hay un estilo de vida de
privilegios que disfrutan unos pocos.
Michael Voslensky en su obra “La Nomenclatura. Los privilegiados en la URSS”, libro
comentado en este blog con fecha 14 de junio de 2027, ya había denunciado esta
situación que se daba en la URSS y en sus satélites.
Los grupos de mayor privilegio dentro de la sociedad cubana son tres: en primer
lugar, los “comandantes” y miembros de nivel superior del Partido Comunista. En
segundo lugar están “los oficiales de las fuerzas armadas hasta el grado de
capitán”. Y en tercer lugar están los “administradores”. Aparte de estos tres
grupos hay otros que, sin tener los privilegios de los anteriores, tienen un
modus vivendi muy superior al pueblo. Son los “miembros de la seguridad del
Estado”, los dirigentes de organizaciones de masas, los extranjeros y las
figuras del deporte. En otra escala muy inferior a la de todas estas personas,
están los ciudadanos que, por cualquier circunstancia, tienen acceso al dólar,
bien porque se los envíen sus familiares desde Miami, o bien por “prestar algún
servicio” a los turistas en la isla.
Los servicios que más disfrutan los privilegiados son: viajes, educación, salud
y vivienda.
Carlos Franqui, que un día fuera director de Radio Rebelde y del
periódico Revolución, cuenta que Fidel tenía 50 mansiones diferentes,
siendo partidario también de que “los compañeros deben vivir bien a fin de
ser eficientes”.
Los privilegios en la vivienda son insultantes. Las urbanizaciones
residenciales (“repartos”) de Miramar, Nuevo Biltmore, Kohly, Nuevo Vedado,
etc, al principio de la revolución fueron ocupadas por estudiantes. Pero luego,
los llevaron a albergues en el campo donde estudian y trabajan. Estos
“repartos” fueron ocupados posteriormente por la nueva élite castrista
dominante que, en el caso de Raúl Castro, tenía un edificio entero con
apartamentos en el Nuevo Vedado.
Estas viviendas de los privilegiados, están debidamente conservadas, limpias y
pintadas; tiene aire acondicionado y teléfono, todo un lujo del que el pueblo
carece. Sin embargo, las viviendas del cubano de a pie, están poco menos que en
ruinas, ya que no se tiene acceso a ningún tipo de material de construcción
que, obviamente, controla y distribuye el Estado.
La Empresa de Producciones Varias (EMPROVA), es la encargada de que a los
miembros del Consejo de Estado, no les falte nada: suministra hasta personal
para el servicio doméstico que, dicho sea de paso, había sido suprimido al
comienzo de la Revolución por ser un producto de la “sociedad burguesa”.
En los “repartos”• de Santayana, Siboney, Barlovento, etc, la élite castrista
disfruta de todo tipo de privilegios, incluido yate.
También merece destacar “las casas de visita”, que son residencias que el
Partido Comunista tiene por todo el país para sus miembros y funcionarios del
Estado.
Otro grupo privilegiado son los hijos de los altos cargos del partido y de los
militares. El pueblo cubano los llama “hijos de papá”.
Donde más se ven los privilegios es en la educación. Las personas “no
integradas”, es decir, los que no están “fichados” como adeptos o adictos al
régimen, no pueden cursar carreras superiores, con lo cual la universalidad del
dogma comunista de la igualdad cae por su base.
También en los servicios sanitarios hay privilegios. Como ya se sabe, el Estado
tiene el total y absoluto control sobre la medicina. No existe medicina
privada. La clínica Cira García (antigua clínica Miramar), está actualmente
reservada para extranjeros y para la élite castrista, lo mismo que una planta
del Hospital Naval de La Habana Este. También en los “repartos” Kohly y Siboney
hay clínicas para la alta dirigencia.
Otro privilegio es el de los comestibles. Para los “directores” y “timoneles”
no hay cartilla de racionamiento.
Mientras tanto, el martirizado pueblo cubano tiene que “jinetear”, “marear”,
“inventar”, “resolver”, “estar en el fuego”, “pugilatear el dólar”, etc, para
poder vivir malamente.
¡Menudo "modelo referencial"!
Continuará.


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