Decía un amigo nuestro, ya fallecido, (que Dios
guarde), que prefería saber, tener y poder, antes que el manido salud, dinero y
amor. Y creemos que no le faltaba razón, sobre todo, por el “saber”.
Precisamente el “saber” es de lo que carecen los
gobiernos que hemos tenido hasta ahora, aunque el tener y el poder no les
falta. Y precisamente por esa carencia
del “saber”, es por lo que España está actualmente como está: una nación rota,
resquebrajada y arruinada moralmente por mor de esas “verdades” suministradas,
envueltas, vendidas, adornadas y escoltadas con auténticas baratijas
ideológicas.
Y para más inri, están los “mass-media”, que en muchos
casos no hacen más que enredar a la gente con ideas dogmáticas, utópicas y
trasnochadas, transmitiendo con gran angurria que sólo ellos pueden arreglar
las cosas, a la vez que se difunden todo tipo de mentiras, ya que la verdad es
un producto al que se le desprecia. Nada
importa.
Luego están la “fe democrática” y la “moral cívica”.
Pero por detrás de esto están el poder y el tener, o más exactamente, el poder
y el dinero, por el que pierden el tabalario por mucho que se critique al
capitalismo ¡Pobre pueblo soberano que vota a estos cenutrios y además paga
para que le engañen!
Esta “fe democrática” y “moral cívica” transmiten que
hay que ser nacionalista, separatista, radical o lo que sea, antes de ser
español. El vocablo Patria no existe ¡Pobre de ti si se te ocurre ensalzarla,
quererla o adorarla! Hay que “adorar” otras cosas. Y una de ellas es el Estado.
Ya lo decía Santo Tomás de Aquino: el que no adora a Dios, adora forzosamente
otra cosa.
Luego están los partidos de nueva creación, que están
en manos de “politiqueros” más bien que de políticos: éstos exigen que se les
guarde una total y absoluta lealtad. Se ve en los pasquines y en los carnavales
electorales que siempre se montan muy “ad hoc”.
Y es que, claro, la “democracia” del tener y el poder,
excluido el saber, es muy diferente a la democracia aristotélica. Y esta
diferencia es la de haber lavado el cerebro del pueblo soberano con ideologías
que, en vez de hablar de fines, hablan de medios, ideologías que han sido las
encargadas de dividir a las sociedades y que han traído, como ya está
sobradamente demostrado, guerras y más guerras.
Esta división es curiosísima. Un ejemplo: un comunista
español tiene por enemigo a un cristiano de la misma nacionalidad, pero sin
embargo tiene por amigo y hermano a un comunista norcoreano, cubano o de la
destartalada URSS.


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