Vamos a comentar algo sobre el libro “Hijos de
la Logse. Claves para entender y superar el fracaso educativo”,
autor Francisco Robles, Editorial Toro Mítico, S.L., 2.008, 221
páginas.
El libro no tiene desperdicio. Con un sentido irónico,
agudo y jocoso, el autor comenta el desastre espantoso de la enseñanza en
España con motivo de la implantación de la LOGSE “felipista”, que ha traído una
ignorancia crasa y supina a nuestros jóvenes, amén de un fracaso escolar
estrepitoso.
El dinero que se ha invertido en este sistema
educativo, ha sido de escándalo. Así, hay institutos y escuelas con ordenadores
a mansalva, pizarras digitales, tablets, PDAs, etc, etc, todo ello fomentado y
dirigido por unos “psicólogos” y “profesores” apesebrados e ignorantes, que han
llevado a decir a un alumno cuando le preguntaron por Darwin, que éste había
inventado el “Homo Sapiens”. Otro, más aventajado, cuando le preguntaron si
sabía el nombre de tres filósofos medievales, respondió que fueron Averroes,
Avidena y Avecrem.
El libro consta de XXXVI capítulos, incluido el
último que se intitula “Agradecimientos”.
De estos capítulos los más interesantes, a
nuestro juicio, son los intitulados “La disciplina es fascista”,
página 80; “La competitividad fomenta la insolidaridad”, página 85,
y “La autoridad compartida”, página 111.
En el citado capítulo “La disciplina es
fascista”, se lee:
“Una de las grandes aportaciones de la Logse
a la humanidad es el sesgo fascistoide que le ha aplicado al concepto
disciplina. Vaya por delante que los ideólogos de la Logse, vulgo
ideologsianos, son los primeros en someterse a la disciplina partidista así
abandonan la tiza y se refugian en las covachuelas del poder de los despachos,
alias burocracia. Una de las grandes dudas metafísicas que aquejan al autor de
este libro es la doble vara de medir se emplean los logsianos a la hora de
valorar la disciplina. Por un lado fomentan la desinhibición que desemboca en
el niñateo, como ya se ha expuesto; por el otro, se amoldan a los dictados del
partido o de la secta, que sería más preciso, y comulgan con el argumentario
con una disciplina que más quisieran los mandos del ejército al que ya no
sirven de forma obligatoria las nuevas generaciones. La mili, como también se
insinuó antes, desapareció en su formato obligatorio gracias a la progre sigue.
Autores de reconocido desprestigio sostienen que fue la derecha la que terminó
con tan rancia y caduca obligación: las mentiras históricas terminan por
convertirse en penosas realidades sin base alguna.
La disciplina que combaten los logsianos
es la palanca de cambio que nos permite dejar de ser simples animales
instalados en el instinto para convertirnos en seres humanos dotados del mayor
bien que atesora la inteligencia: la posibilidad de trascendernos a nosotros
mismos, de ir más allá de las circunstancias que nos determinan, debe llevarnos
sobre el origen social y familiar. En resumen: la disciplina es un arma cargada
de futuro que se proyecta hacia el porvenir con el proyectil del proyecto. El
hombre es el único animal que va más allá del presente. El hombre está
capacitado para diseñar proyectos que lo lleven más allá de sus limitaciones. Y
para eso debe echar mano de la disciplina.
Claro está que la disciplina no se
adquiere así como así. La disciplina es un complejo sistema de deberes y
obligaciones que se van asimilando desde la más tierna infancia. Gracias a la
disciplina que imponen los padres a sus hijos nos encontramos con criaturitas
que comen algo más que espaguetis o gusanitos. Si el infante se alimentará
exclusivamente de aquello que le apetece comer, entonces no podría desear
desarrollarse de forma adecuada. Tampoco se lavaría ni dormiría el tiempo
adecuado y en el horario fijado para que su actividad sea provechosa. Desde que
nacemos nos sometemos a la disciplina del alimento y del sueño, que son la otra
cara que le da sentido a la moneda del cariño con que nos tratan nuestros
padres. Si falla una cara, la moneda se convierte en una entelequia imposible
de ser imaginada ¿O es que alguien es capaz de situar en su cerebro una moneda
de una sola cara?
Una vez adquirido el hábito de la
disciplina en el hogar, el niño está en condiciones de ir a la escuela para
ponerlo en práctica. El logsiano negará este proceso lógico y querrá darle la
vuelta. Para el logsiano, el centro escolar es el lugar donde se adquieren los
valores. Hagamos la prueba del nueve: un profesor de instituto que está dos
horas a la semana con un alumno que forma parte de un grupo de 30 personas debe
hacer lo que no hacen sus padres, que son dos y están con el chaval durante el
resto del día, durante los fines de semana y durante los largos y cálidos meses
de las vacaciones estivales, amén de los periodos navideño, semanasantero y
festivos en general. ¿Quién puede sostener semejante barbaridad?”
En fin, y como siempre decimos, libro recomendado para
“progres”.


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