Como decíamos en la primera entrega, vamos a comentar algunos libros sobre el tema del separatismo. Y hoy lo hacemos con la obra de Javier Barraycoa “Eso no estaba en mi libro Historia de Cataluña”, Editorial Almuzara, S.L. 2018, 286 páginas.
Este magnífico libro consta de X I V capítulos, todos muy interesantes. Nosotros destacaríamos el X, páginas 197 a 212, intitulado “Banderas e himnos, mudo lío”, compuesto por dos apartados: “Las barras de Aragón o por qué Cataluña no tiene bandera”, y “El himno de Cataluña y otros desastres historiográficos”.
Dentro del primer apartado, en las páginas 198 y 199,
se lee:
“Para ser absolutamente sinceros con el
lector, hay que afirmar que el origen de las barras de Aragón, o Seña Real de
Aragón, o Señal del Rey de Aragón, es incierto en cuando que no hay pruebas
definitivas que avalen quién fue el primero en utilizar las cuatro barras como
distintivo de su linaje, pues las banderas en sus orígenes no representaban
naciones ni pueblos, sino linajes, casas o instituciones. Ni siquiera eran
banderas, sino blasones.
“Lo que sí está claro es que la leyenda
que se suele contar a los niños catalanes sobre el origen de las cuatro barras,
no tiene ni pies ni cabeza. La leyenda tiene varias versiones, pero la más
conocida es la atribuida al conde de Barcelona, Wifredo el Velloso del siglo I
X y del que apenas sabemos nada. Y eso que la heráldica no aparece en Europa
hasta 1120. Entre el siglo X V y el X V I se asentó la creencia o leyenda que
tras caer herido combatiendo a los normandos, el rey franco Carlos el Calvo (otras
versiones hablan de Luis I, I I o I I I), el conde pidió al rey un signo para
su pueblo. Con la sangre de Wifredo pintó con sus dedos cuatro barras sobre un
escudo dorado. En el siglo X V no estaban muy puestos en datación y claro,
Carlos el Calvo murió en 877, Luis I I en 879 y Wifredo en 897. Evidentemente
las fechas no cuadran pues Carlos el Calvo habría tenido que resucitar para
plasmar las barrasen el escudo. La leyenda tuvo su máxima difusión en el siglo
X V I cuando el valenciano Pere Antoni Beuter escribe una historia (en
castellano) en 1551 que, según el autor, se basaba en manuscritos que había
podido consultar, pero nunca especificó cuáles eran”.
En fin, y como siempre decimos, recomendamos leer este
magnífico libro en le que se desmontan mitos y leyendas sobre Cataluña.


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