Como ya sabrán, este libro lo tenemos comentado en
este blog con fecha 29 de octubre del pasado año 2025. El título completo del
libro es “Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos”, autor
Federico Jiménez Losantos, Editorial La Esfera de los Libros, 759 páginas, con
Índice Onomástico incluido. A parte del Prólogo, Epílogo y Anexos, la obra
consta de ocho Capítulos, con sus correspondientes apartados. El libro es
sencillamente extraordinario y no tiene desperdicio, con un soporte documental
también extraordinario, siendo extraordinarias también las imágenes insertadas
entre las páginas 320 y 321. Volvemos a esta obra por aquello de recuperar las
memorias “histórica” y “democrática”.
Dentro del Capítulo V intitulado “El eslabón perdido
del PCE: Valentín González El Campesino”, páginas 497 a 515, hay un
apartado que tiene por título “Lo que dijo Soljenitsin”. Antes de ver lo que se
lee en este apartado, vamos a comentar algo sobre esta persona.
Como ya saben, fue un disidente soviético, Premio
Nobel de Literatura en 1970. Crítico con el comunismo que veía en la URSS, dio
a conocer el GULAG en donde estuvo preso 11 años (1945-1956). Fue expulsado de
la URSS quitándole la ciudadanía soviética, yendo al exilio. En 1974 se instaló
en Estados Unidos, y en marzo de 1976, 5 meses después de morir Franco, visitó
España. Como ya sabrán su obra más importante es “Archipiélago Gulag”, en la
que denuncia la represión y demás del sistema, tan admirado y amado por muchos,
muchas y “muches”. Regresó a su patria en 1994, una vez ya destartalada la URSS
con la avenencia, beneplácito y conformidad de Mijail Gorbachov.
Dicho esto, vamos a ver lo que se lee en el apartado
antes mencionado, páginas 514 y 515.
“Lo que dijo Soljenitsin”
“Sus progresistas llaman dictadura al
régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España (...) y
me he quedado asombrado. ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? (...) He aquí
algunos ejemplos de lo que he visto con mis propios ojos (...). Los españoles
son absolutamente libres de residir en cualquier parte y de trasladarse a
cualquier lugar de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo en
nuestro país. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska
(registro policial) Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme de tal
o cual población (...)
También he podido comprobar que los
españoles pueden salir libremente de su país para el extranjero. Sin duda se
han enterado ustedes por la prensa de que, debido a las fuertes presiones
ejercidas por la opinión mundial y por los EEUU, se ha dejado salir de la
Unión Soviética, con no pocas dificultades, a cierto número de judíos. Pero
los judíos restantes y las personas de otras nacionalidades no pueden marchar
al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados.
Paseando por Madrid y otras ciudades
(...), más de una docena, he podido ver que se venden en los kioscos los
principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión
Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros, se verían
inmediatamente docenas y docenas de manos tendidas y luchando para
procurárselos. Pues bien, en España, su venta es libre.
También he observado que en España uno
puede utilizar libremente las máquinas fotocopiadoras. Cualquier individuo
puede hacer fotocopiar cualquier documento, depositando cinco pesetas por copia
en el aparato. Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa
así en nuestro país. Cualquiera que emplee máquinas fotocopiadoras, salvo
por necesidades de servicio y por orden superior, es acusado de actividades
contrarrevolucionarias.
En su país —dentro de ciertos límites,
esto es verdad— se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los setenta años
de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que
participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años de poder
soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladora, pese a que solo
reclamaban mejores condiciones de trabajo (...).
Si nosotros gozásemos de la libertad que
ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos (...). Hace poco que
han tenido ustedes una amnistía. La calificaron de «limitada». Se ha rebajado
la mitad de la pena a los combatientes políticos que habían luchado con armas
en la mano (alude a los terroristas). Puedo decirle esto: ¡ojalá a nosotros
nos hubiesen concedido, una sola vez en veinte años, una amnistía limitada
como la suya! (...). Entramos en la cárcel para morir en ella. Muy pocos hemos
salido de ella para contarlo”.
En fin, sin comentarios. Recomendamos leer este
magnífico libro a los “internacionalistas” del odio, de la mentira y del
terror.


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