miércoles, 6 de mayo de 2026

“Memoria del comunismo”. Soljenitsin en España


 

Como ya sabrán, este libro lo tenemos comentado en este blog con fecha 29 de octubre del pasado año 2025. El título completo del libro es “Memoria del comunismo. De Lenin a Podemos”, autor Federico Jiménez Losantos, Editorial La Esfera de los Libros, 759 páginas, con Índice Onomástico incluido. A parte del Prólogo, Epílogo y Anexos, la obra consta de ocho Capítulos, con sus correspondientes apartados. El libro es sencillamente extraordinario y no tiene desperdicio, con un soporte documental también extraordinario, siendo extraordinarias también las imágenes insertadas entre las páginas 320 y 321. Volvemos a esta obra por aquello de recuperar las memorias “histórica” y “democrática”.

Dentro del Capítulo V intitulado “El eslabón perdido del PCE: Valentín González El Campesino”, páginas 497 a 515, hay un apartado que tiene por título “Lo que dijo Soljenitsin”. Antes de ver lo que se lee en este apartado, vamos a comentar algo sobre esta persona.

Como ya saben, fue un disidente soviético, Premio Nobel de Literatura en 1970. Crítico con el comunismo que veía en la URSS, dio a conocer el GULAG en donde estuvo preso 11 años (1945-1956). Fue expulsado de la URSS quitándole la ciudadanía soviética, yendo al exilio. En 1974 se instaló en Estados Unidos, y en marzo de 1976, 5 meses después de morir Franco, visitó España. Como ya sabrán su obra más importante es “Archipiélago Gulag”, en la que denuncia la represión y demás del sistema, tan admirado y amado por muchos, muchas y “muches”. Regresó a su patria en 1994, una vez ya destartalada la URSS con la avenencia, beneplácito y conformidad de Mijail Gorbachov.

Dicho esto, vamos a ver lo que se lee en el apartado antes mencionado, páginas 514 y 515.

“Lo que dijo Soljenitsin”

“Sus progresistas llaman dictadura al régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España (...) y me he quedado asombrado. ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? (...) He aquí algunos ejemplos de lo que he visto con mis propios ojos (...). Los españoles son absolutamente libres de residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier lugar de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo en nuestro país. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial) Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme de tal o cual población (...)

También he podido comprobar que los españoles pueden salir libremente de su país para el extranjero. Sin duda se han enterado ustedes por la prensa de que, debido a las fuertes presiones ejercidas por la opinión mundial y por los EEUU, se ha dejado salir de la Unión Soviética, con no pocas dificultades, a cierto número de judíos. Pero los judíos restantes y las personas de otras nacionalidades no pueden marchar al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados.

Paseando por Madrid y otras ciudades (...), más de una docena, he podido ver que se venden en los kioscos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros, se verían inmediatamente docenas y docenas de manos tendidas y luchando para procurárselos. Pues bien, en España, su venta es libre.

También he observado que en España uno puede utilizar libremente las máquinas fotocopiadoras. Cualquier individuo puede hacer fotocopiar cualquier documento, depositando cinco pesetas por copia en el aparato. Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así en nuestro país. Cualquiera que emplee máquinas fotocopiadoras, salvo por necesidades de servicio y por orden superior, es acusado de actividades contrarrevolucionarias.

En su país —dentro de ciertos límites, esto es verdad— se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los setenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años de poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladora, pese a que solo reclamaban mejores condiciones de trabajo (...).

Si nosotros gozásemos de la libertad que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos (...). Hace poco que han tenido ustedes una amnistía. La calificaron de «limitada». Se ha rebajado la mitad de la pena a los combatientes políticos que habían luchado con armas en la mano (alude a los terroristas). Puedo decirle esto: ¡ojalá a nosotros nos hubiesen concedido, una sola vez en veinte años, una amnistía limitada como la suya! (...). Entramos en la cárcel para morir en ella. Muy pocos hemos salido de ella para contarlo”.

En fin, sin comentarios. Recomendamos leer este magnífico libro a los “internacionalistas” del odio, de la mentira y del terror.



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