Nunca en los tiempos de esta destartalada España, hubo
tanto engaño en la información y en la Historia. La verdad casi no existe, ya
que se cuentan versiones contradictorias.
Las noticias, según convenga, están manipuladas, manejadas,
transformadas, manoseadas, diluidas, etc, lo que hace que al “pueblo soberano”
se le toree y se le confunda.
Hay personas, “personos” y “persones” que ignoran quienes
son verdaderamente, amén de presumir ostentosamente que saben a dónde van. Para
esto, y para otras cosas, emplean la mentira, el bulo, la falsedad, la invención,
la falacia, etc, etc, todo ello magistralmente disfrazado. El asunto llegó a
tal culmen, que la mentira circula impunemente, ya que está estatalizada.
Tal mentira esparcida por doquier por los “mass-media”
más ad hoc al sistema, es un fundamento de regímenes totalitarios, por mucho
que propaguen algunos, algunas y “algunes” que estamos en una democracia. Si esto fuese
cierto, no habría censura, entendiendo por tal las técnicas y tácticas que
se emplean para desfigurar y encubrir e inventar la realidad, con el objeto de presentarla
de acuerdo con los que tienen la sartén por el mango que, una vez cogido, tienen
como primer objetivo el controlar y dominar de los citados “mass-media” para pervertir y corromper las fuentes de
información que le puedan ser contradictorias.
Simón Bolívar decía hace más de doscientos años,
concretamente en 1817, que “la primer de todas las fuerzas es la
opinión pública”. Esto es una barbaridad, ya que si el “pueblo soberano” tiene
informaciones erróneas, falsas, irreales o distorsionadas, iremos directamente
al abismo, como en estos momentos.
Pero supongamos que efectivamente el “pueblo soberano”
esté realmente bien informado. Entonces a los medios del Estado no les
interesará esto, y se verán obligados a actuar y mentir. Y aquí es donde
está el quid del tema: la primera de todas las fuerzas ya no será la opinión
pública, la del “pueblo soberano”, sino que, como dice Jean-François Revel en
su obra “El conocimiento inútil”, Editorial Planeta, 2007, página
23, “la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la
mentira”. Este libro lo hemos comentado en este blog con fechas 23, 25 y 29
de enero de 2.017.
Seguro que se acuerdan de los tiempos de Mijail
Gorbachov, en los que se hablaba mucho de “glasnot”. Se mintió al traducir esta
palabra, ya que se decía que quería decir “transparencia”, e incluso
“apertura”. La traducción exacta es “publicación” o “divulgación”, ya que en aquellos
tiempos lo que se quería era sacar a la luz el tema del dominio público, que
estaba prohibido por el partido: la corrupción, el alcoholismo, la escasez y
mala calidad de los alimentos y un largo etc. (Sobre este tema de la “glasnost”
próximamente comentaremos los libros “La sonrisa de la
perestroika”, autor Mateo Madridejos, Editorial Plaza&Janes
Editores, S.A., 1988, y “Gorbachov, Mijail”, autor Christian
Schmidt-Häuser, Editorial Gedisa, 1988.)
Escritores como el citado Jean-François Revel, George
Orwell, Solzhenitsin, etc, etc, denunciaron que la mentira es uno de los fundamentos
de los regímenes totalitarios, especialmente del comunista, que desapareció,
entre otros motivos, precisamente por mentir. En una palabra: los regímenes de este calibre se implosionan cuando
son arrasados por la verdad. Lo mismo puede pasar a las “democracias” cuando
son asaltadas por la mentira.
Y terminamos con unas frases pronunciadas por Lenin,
José Díaz, secretario en su día del PCE y por el ex comunista Carlos Semprún
Maura.
Decía Lenin:
“La mentira puede ser una buena arma
revolucionaria”.
José Díaz: “Para que una mentira sea útil,
debe parecer verdad”.
Carlos Semprún: “Quienes han convertido la
mentira en dogma, quienes prácticamente siempre han hecho lo contrario de lo
que han dicho, fueron los comunistas”.
En fin, estamos en manos de la mentira, del engaño, de
la falencia, del embeleco, etc, etc, etc.


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