lunes, 19 de enero de 2026

“Historia de dos ciudades”


 

Para muchos, muchas y “muches”, el judío Carlos Marx se apoyó en el acontecimiento de la Revolución Francesa, acaecida en 1789 cuando el pueblo tomó la fortaleza de la Bastilla. Lo único cierto es que el judío planteó ciertos matices de tal Revolución, pero nada más. Y como hay que recuperar la “memoria democrática” de Su Sanchidad, vamos a ello.

Vamos a comentar algo sobre el libro intitulado “Historia de dos ciudades”, escrito por el británico Charles Dickens, Plutón Ediciones, 2024, 288 páginas incluido Índice. La obra consta de “Libro Primero: Resucitado”, con V I Capítulos; “Libro Segundo: El hilo de oro”, con X X I V Capítulos, y “Libro tercero: El curso de una tormenta”, con X V Capítulos.

La obra es una novela de carácter histórico que tiene lugar en París y en Londres durante los acontecimientos de la Revolución Frances, e incluso antes. Esta Revolución trajo los derechos de libertad y propiedad, que nada tienen que ver con el marxismo. A partir de dicho año 1789 en Francia se crea la Declaración de los Derechos del Hombre.

En esta obra aparecen varios personajes tanto ingleses como franceses, tales como Sydney Carton, Lucie Manette y su padre Alexander, Charles Darnay, Madame Defarge, y varios más, que indican sus “modus vivendi”, comentarios y vidas durante la Revolución.

Nos ha llamado la atención el párrafo con el que empieza la página 5, intitulado “Libro Primero. Resucitado. Capítulo I: La Época”, en el que se lee:

“Era la mejor de las épocas, era la peor de las épocas, la edad de la locura, pero también de la sabiduría; el tiempo de no creer y de las creencias; la era de las tinieblas y de la luz; el invierno de la desesperación y la primavera de la esperanza. En ese tiempo todo nos pertenecía, pero no teníamos nada; caminábamos directamente al cielo y nos perdíamos por el sendero opuesto. Esa época, en pocas palabras, era tan similar a la de hoy, que nuestras autoridades más notables y destacadas insisten en que únicamente se puede aceptar la comparación en grado superlativo, tanto en lo que se refiere al bien como al mal”.

¿A que sí, Sanchidad?

Nota.- Lo destacado en rojo es nuestro.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog