Para muchos, muchas y “muches”, el judío Carlos Marx
se apoyó en el acontecimiento de la Revolución Francesa, acaecida en 1789
cuando el pueblo tomó la fortaleza de la Bastilla. Lo único cierto es que el
judío planteó ciertos matices de tal Revolución, pero nada más. Y como hay que
recuperar la “memoria democrática” de Su Sanchidad, vamos a ello.
Vamos a comentar algo sobre el libro intitulado “Historia
de dos ciudades”, escrito por el británico Charles Dickens, Plutón Ediciones,
2024, 288 páginas incluido Índice. La obra consta de “Libro Primero:
Resucitado”, con V I Capítulos; “Libro Segundo: El hilo de oro”, con X X I V
Capítulos, y “Libro tercero: El curso de una tormenta”, con X V Capítulos.
La obra es una novela de carácter histórico que tiene
lugar en París y en Londres durante los acontecimientos de la Revolución
Frances, e incluso antes. Esta Revolución trajo los derechos de libertad y
propiedad, que nada tienen que ver con el marxismo. A partir de dicho año 1789
en Francia se crea la Declaración de los Derechos del Hombre.
En esta obra aparecen varios personajes tanto ingleses
como franceses, tales como Sydney Carton, Lucie Manette y su padre Alexander,
Charles Darnay, Madame Defarge, y varios más, que indican sus “modus vivendi”,
comentarios y vidas durante la Revolución.
Nos ha llamado la atención el párrafo con el que
empieza la página 5, intitulado “Libro Primero. Resucitado. Capítulo I: La
Época”, en el que se lee:
“Era la mejor de las épocas, era la peor
de las épocas, la edad de la locura, pero también de la sabiduría; el tiempo de
no creer y de las creencias; la era de las tinieblas y de la luz; el invierno
de la desesperación y la primavera de la esperanza. En ese tiempo todo nos
pertenecía, pero no teníamos nada; caminábamos directamente al cielo y nos
perdíamos por el sendero opuesto. Esa época, en pocas palabras, era tan similar a la de hoy, que nuestras autoridades más
notables y destacadas insisten en que únicamente se puede aceptar la
comparación en grado superlativo, tanto en lo que se refiere al bien como al
mal”.
¿A que sí, Sanchidad?
Nota.- Lo destacado en rojo es nuestro.


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