Repasando nuestra biblioteca, cosa que hacemos de vez
en cuando, nos hemos encontrado con el tomo número 21/22 de diciembre de 2004
de “La ilustración liberal”, Revista trimestral de Cultura y Pensamiento,
Director Federico Jiménez Losantos, Edita Sirk Tampoco ni Rubio, S.L,
distribuida por Comercial Atheneum. S.A.”, diseño original de Alfonso Meléndez,
309 páginas incluida “Escriben en este número”, donde figura nuestro amigo
fallecido José María Álvarez Cuartas.
La obra comienza con un artículo de Jiménez Losantos
intitulado “Ante el referéndum del 20 de febrero. Constitución Europea:
Argumentos para el “No”. No, No, No, No y No”, páginas 3 a 8. En la número
5 aparece el párrafo “Las compañías indeseables”, que insertamos a
continuación. Como podrán ver, lo que se lee es muy ad hoc a los tiempos que
vivimos:
“Las compañías indeseables”
“Una derecha carquiacomplejada y una
izquierda antinacional han acabado por convencer a la mayor parte de los
españoles vivos de que Europa es algo distinto y mejor que España. Que, como
dijo estúpidamente el filósofo metido a político, "España es el problema y
Europa la solución". Mentira. Europa no ha sido nunca el remedio para los
males de España ni lo puede ser ahora, después de este tratado entre países al
que, con artera tergiversación de su verdadera entidad y auténtico significado,
se ha dado en llamar Constitución. El gran argumento de la Derecha dispuesta a
servir los intereses del Gobierno de izquierdas para votar "sí" en el
referéndum de finales de febrero es que con ello quedarán conjuradas las
amenazas a la unidad y continuidad de la nación, pero eso es rigurosamente
falso. Basta recordar la actitud mantenida por la Unión Europea hace bien pocos
años en la crisis mortal de la antigua Yugoslavia para ver que no hay en Europa
ni voluntad política ni capacidad militar para evitar no ya la ruptura de un
Estado sino el genocidio sistemático y generalizado. No hay sino recordar la
postura francesa en la crisis de Perejil, respaldando a su pupilo marroquí
frente a España, para comprobar que ningún país europeo, especialmente Francia,
se va a jugar ni un euro ni un hombre para defender a España de un enemigo
exterior; y mucho menos, interior. No hay nada en la llamada Constitución
Europea que lo garantice o simplemente prevea. Si lo hubiera, tampoco se
cumpliría, pero es que además no lo hay”.


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