martes, 6 de enero de 2026

La pasta de la casta ( I )


 

Como ya sabrán, la costosa y vasta casta política que tenemos en estos momentos, no se atasca, aunque haya borrasca por doquier. Entre la gente “monklovita”, los reinos taifas regionales, los ayuntamientos y toda su maquinaria burocrática, nos está costando a los españoles 18.000 millones de euros al año, unos 50 millones diarios ¡Casi “na”! Esto es la “regeneración democrática”, aunque más bien parece degeneración. Si verdaderamente se quiere salir de esta galopante crisis en la que estamos inmersos, no se puede contar con los politicastros, que solamente miran para sí.

El modelo de convivencia y organización social, representado principalmente por la función pública, un código de leyes con bases éticas y morales, la igualdad teórica, el libre mercado, la libertad de opinión, la verdadera representación política, etc, etc, todo esto ha sido pisoteado radicalmente. Y así hemos llegado a la situación desastrosa y catastrófica actual.

¿Podemos pensar que este gobierno, y toda la casta política, haga un esfuerzo para salir de este atolladero? Creemos que no, porque lo primero que hay que tener es consciencia y conciencia de esta terrible situación ¿Acaso no se tendría que ahorrar, suprimir ciertos ministerios y “ministerinos", acabar con la corrupción, tanto en la administración como en el sector público, etc, etc? ¿No habrá que ponerse a trabajar, a investigar, a crear pequeñas y medianas empresas, y demás quehaceres para intentar sobrevivir (no nos queda otra cosa) antes de que sea demasiado tarde?

Para hacer todo esto, lo primero que habría que tener claro son los conceptos de Patria y Nación. Pero ya sabemos que los de la “alianza de civilizaciones” no creen en esto y se encargan de hipnotizar al pueblo soberano con narcóticas frases que hablan de “modernidad”, “cambio del cambio” y un montón más de frases y palabras huecas y ridículas, aderezado y acompañado todo ello por el “bakalao” y drogas para los jóvenes y “jóvenas”, los culebrones y vidas “para lelas”, lelos y amas y “amos” de casa. Las tetas y los tabalarios hacen el resto del trabajo para que no pensemos.

Cuando en muchas naciones del mundo, de las que deberíamos tomar nota, se preparan para una “guerra” comercial (repártanla ustedes como quieran: por áreas de influencia, áreas demográficas, etc), aquí se sigue haciendo el tonto desangrando al Estado, bailándoles el agua a vascos y catalanes, empeñados en aumentar y mejorar su “modus vivendi” y sus privilegios, a costa del resto de las personas de esta “Patria mía”.

Mientras no desaparezca esta pandilla política que tenemos en el desgobierno, seguiremos en el furgón de cola y, además, sin el farolillo rojo.

Continuará.



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