Así se intitula el libro del socialista
Antón Saavedra, Editorial Libroslibres, 2.004, 472 páginas, incluido el Índice
Onomástico.
En la solapa de la portada, figura una
somera y pequeña biografía del autor. Dice lo siguiente:
“Antón Saavedra (Moreda de Aller, Asturias, 1.948).
Durante varios años, este socialista desengañado compatibilizó
su trabajo en las minas de Hunosa con los estudios de Graduado Social en la
Universidad de Oviedo y los de Técnico superior en Relaciones Industriales en
la Universidad de Alcalá de Henares.
Afiliado a la UGT y al PSOE en el inicio de los años 70, fue
secretario general de la Federación Estatal de Mineros de UGT y vicepresidente
de la Internacional de Mineros hasta 1.989. Desde 1.986 hasta 1.994 ocupó un lugar
en la Mesa del Comité Consultivo de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero
(CECA), representando a España.
Entre los años 1.991 y 1.998 fue diputado del Partido de Acción
Socialista (PSOE histórico) en el Parlamento asturiano por las listas de IU,
así como miembro de sus respectivos Comités Ejecutivos Federales”.
En este libro, al autor cuenta la
historia del PSOE a partir de la reunión de Suresnes, historia que nada tiene
que ver con la oficial que se ha contado a los españoles desde la cúpula
felipista y que ocultaba muchas cosas que descubre Saavedra
Sobre estas cosas ocultas, comentaba
Alfonso Guerra en 1.984: “Al margen de
nosotros y otros pocos, ¿quién más lo sabe?”. Pues sencillamente lo sabe
Antón, teniendo como base sus vivencias personales, además de consultar y
manejar todo tipo de archivos sobradamente documentados.
El asunto, como decíamos, empieza en
Suresnes, lugar en el que Felipe González manifestó aquello de que «el PSOE sería fiel a
un programa y conquistará una sociedad sin clases. Seremos inflexibles si se
trata de salvar la esencia última del partido».
Se omite, por ejemplo, que antes del
Congreso de Suresnes, dentro del PSOE había mucha tensión, tensión que Saavedra
vivió de cerca y “en directo”. Así,
Tierno Galván definía al nuevo PSOE de González como un «partido
colaboracionista creado por el franquismo como instrumento para domesticar el
socialismo hispano a través de los hombres que Carrero Blanco había conseguido
infiltrar en las filas del antiguo PSOE».
El libro consta de XXXVIII capítulos
que, aunque los primeros están dedicados básicamente a la política, la obra
puede decirse que se centra y que está dedicada a la corrupción, dando nombre y
apellidos de todas las personas que se aprovecharon y fomentaron dicha
corrupción.
Merece especial mención las páginas
dedicadas a Areces y a José Ángel Fernández Villa, tan de moda en sus tiempos.
Al primero lo califica de chaquetero, “corrupto
y baboso”, mientras que al segundo lo tilda nada más y nada menos que
chivato de sus compañeros, ya que, según Saavedra, Fernández Villa era “un topo infiltrado” a las órdenes de
Carrero Blanco.
Esto y otras cosas, las veremos en el
próximo capítulo. La verdad es que el
libro es muy jugoso y, después de leerlo, le entran a uno náuseas de ver
cómo todavía tienen el cinismo y la cara dura de andar sacando pecho por ahí.
Continuará.


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