Según el
Diccionario de los “inmortales” de la RAE, diplomacia es:
2.- “Conjunto
de los procedimientos que regulan las relaciones entre los Estados”
3.- “Servicio
de los Estados en sus relaciones internacionales”
4.- “Coloq.
Cortesía aparente e interesada”
5.- “Colog.
Habilidad, sagacidad y disimulo”
No cabe duda de
que, salvo excepciones, la cordialidad y entendimiento entre diferentes países
es un tema importantísimo dentro de las prioridades de cualquier Estado
normalmente constituido. De aquí se deduce que el diplomático tiene que tener,
aparte de una gran cultura, una preparación especial.
Y como hay que
recuperar la “memoria democrática”, vamos a ello. En su día, el jefe de la
delegación iraní, supuestamente diplomático, Morteza Saffari Natanzi, al
saludar a la reina Sofía y a su nuera Leticia Ortíz, se negó a darles la mano,
por las razones que ya hemos comentado en el artículo “Los cobardes y “cobardas”
de la ceja”, insertado en este blog con fecha 28 de octubre de 2023.
¿Dónde está la
preparación especial que se le supone a un diplomático, amén de la cortesía,
astucia, prudencia, disimulo, etc, de este sujeto iraní?
Si en un
asunto tan simple y protocolario como es el estrechar la mano de una persona,
sea hombre o mujer, ya tenemos prejuicios de corte religioso, poco se puede
esperar del entendimiento entre países. Si ya se discrepa en esta simpleza,
¿cómo no se va a discrepar en asuntos verdaderamente importantes? ¿Se puede
creer en eso tan estúpido de la “alianza de civilizaciones”?


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