sábado, 12 de agosto de 2017

“Secuestro del socialismo” ( y I I )


Como decíamos en nuestro anterior capítulo, en este último veremos lo que el autor del libro, Antón Saavedra, comenta sobre José Ángel Fernández Villa y Vicente Álvarez Areces.


En la página 59, refiriéndose al XXVIII Congreso del PSOE celebrado en setiembre de 1.979, se lee:

“En aquellas condiciones el congreso adoptaría sin ningún tipo de problemas una solución política que, recogiendo el marxismo como ‘un instrumento teórico, crítico y no dogmático, para el análisis de la realidad social’, no difería de la aprobada en el congreso de la ‘escapada’, pero lo más importante era que la nueva ejecutiva federal era totalmente felipista: Felipe González era de nuevo secretario general y Ramón Rubial el presidente, habiéndose eliminado el cargo de presidente de honor, antes ostentado por Tierno Galván. Alfonso Guerra era elevado al puesto de vicesecretario general y así hasta 25 miembros, donde se incluía el asturiano José Ángel Fernández Villa.

Este Fernández Villa, ‘topo’ infiltrado por los servicios secretos de Carrero Blanco en el PSOE, había aparecido un mes antes en el mitin de Felipe González celebrado en el estadio de fútbol de El Molinón (Gijón) sosteniendo una pancarta roja de 32 metros de largo que había sido elaborada por su agrupación de Tuilla con el slogan: ‘Marxismo sí, felipismo no… para acabar aceptando una vocalía en aquella ejecutiva de Felipe, por Felipe y nada más que para Felipe”.

En las páginas 63 y 64, dice Antón Saavedra:

“Rafael Fernández regresaría muy pronto de aquel exilio dorado para convertirse en senador por Asturias y más tarde presidente del primer Gobierno del Principado de Asturias, cargo del que sería descabalgado por Fernández Villa y su camarilla de pandilleros sindicales. Éste -  resulta curiosos – había sido su protegido precisamente en la época en que actuaba como chivato privilegiado del jefe superior de la temida e ‘inolvidable’ brigada político-social del franquismo en Asturias, Claudio Ramos. Hoy ocupa  los cargos de senador y secretario general del sindicato minero asturiano de UGT a pesar de gozar de una pensión en su máxima cuantía como consecuencia de un accidente minero que nunca existió, en un cambalache fraudulento cometido contra la Seguridad Social en connivencia con la dirección de la empresa minera HUNOSA en 1.995, de la cual forma parte como miembro del consejo de Administración en representación de la Junta General del Principado de Asturias, donde ocupa un escaño de diputado del PSOE. . . Todo ello al margen de sus cargos en las ejecutivas regionales y nacional del partido, así como la presidencia de alguna que otra ‘fundación’.

Este personaje de la cuenca minera asturiana, José Ángel Fernández Villa, llegó al PSOE y a la UGT en los inicios de los años 70, procedente de las filas anarquistas y comunistas; allí su misión consistía en participar en cualquier asamblea o reunión que pudiera surgir en las muchas empresas que frecuentó -  cada poco era ‘despedido’  -, en especial en la mina Miravalles de Asturias, donde iban a parar todos los despedidos pertenecientes a las organizaciones de izquierda, para posteriormente delatar a los compañeros participantes y ‘levantar acta de lo acordado’ ante la jefatura de la policía ‘social’franquista. Era la persona más reacia a ocupar cualquier cargo en nuestras organizaciones. Al final, ante la insistencia de los compañeros, siempre se conformaba con ‘cualquier vocalía’ escudándose en una extraña enfermedad de la que nunca se supo y que, sin embargo,  no le impedía tener una participación frenética en casi todas las reuniones, más o menos importantes,  que se celebraban en los distintos lugares de Asturias, valiéndose para ello de su recién estrenado coche: un Austin Victoria rojo que en aquellos tiempos del 600 era todo un lujo, sobre todo en un hombre que había tenido la desfachatez de cobrar, como ‘despedido’, del dinero de Fusoa que los compañeros recaudábamos en los centros de trabajo para la ayuda de los verdaderamente despedidos y detenidos, muchos de ellos debido a sus chivatazos a los hombres de Claudio Ramos (algunas veces al jefe directamente, en un local de la calle División Azul de Oviedo)”. 

En la página 76 se lee:

“Baste señalar, como botón de muestra, el caso del asturiano, Vivente Álvarez Areces, Tini: después de encabezar la rebelión con su grupo de profesionales en lo que se conoció como la crisis de Perlora en Asturias – una de las organizaciones comunistas más sólidamente implantadas en el marco del Estado y el escenario donde comenzó la operación de sabotaje que luego se extendería a todo el país – no volvería a apearse del coche oficial desde que el felipismo ocupara las poltronas del gobierno, todo ello, claro está,  al margen de sus millonarias percepciones en concepto de su pertenencia a consejos bancarios y eléctricos y otros más turbios negocios, aún sin explicar al pueblo asturiano, a pesar de ser requerido en múltiples ocasiones por el Parlamento”.


En fin, recomendamos leer este libro.



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