miércoles, 2 de agosto de 2017

“Manuel Tagüeña. Correspondencia y escritos inéditos”


Así se intitula el libro editado por Antonio Quirós, Ediciones Espuela de Plata 2015, 523 páginas, incluido “Índice” y “Apéndices”.


Como ya sabrán, Manuel Tagüeña Lacorte fue un destacado militar del ejército de la I I República española, teniendo la categoría de teniente coronel. Era una persona muy inteligente miembro del partido comunista de España que, al terminar la Guerra Civil, se trasladó a la URSS, viajando también por otros países comunistas como Chescoslovaquia, Yugoslavia y algunos más. Lo que vio en estos países, así como en la URSS, le produjo tal desencanto que le llevó a dejar el partido, trasladándose a Méjico donde falleció en 1971. Allí escribió su excelente obra “Testimonio de dos guerras”, en donde se relatan hechos y cosas, tanto de la República como de la Guerra Civil, de una manera crítica, moderada y tolerante de los bandos, cosas estas que no se ven en los “historieteros” que pululan en estos momentos por esta irreconocible España.

En la página 40 nos dice Tagüeña:

“Pero lo que más impresionaba era la gente, enfundada en sus viejas ropas de invierno, descoloridas y rotas; los hombres con maltratados gorros de piel, las mujeres con la cabeza envuelta con toquillas sucias y rotas, se agolpaban en las estaciones, cargando o sentados en bultos, mustios, sin hablarse entre sí, viendo pasar los trenes con indiferencia”.

En la página 42 se lee:

“Los exiliados españoles se encuentran divididos en dos claros estratos, el primero es el de los privilegiados, entre los que se encuentran los funcionarios de la Komintern y los miembros de las academias militares; el segundo es el de los necesitados, los obreros destinados a fábricas donde el trabajo a destajo agota y el escaso salario sólo permite la supervivencia si se acompaña con la beneficencia del Socorro Rojo Internacional (MOPR). La sociedad sin clases comienza a mostrarse como una sociedad igualmente clasista. Los dirigentes y los dirigidos. Y, además, a diferencia de lo que hasta ahora Tagüeña ha conocido en España, comienza a percibir que el trabajo y la labor bien hecha no es el aditamento necesario para el progreso en la vida. Poco a poco va percibiendo las nuevas reglas de la sociedad burocrática en la que sólo la afinidad con el líder auspicia el ascenso social. Esto marcará su vida en los próximos años y será uno de los elementos fundamentales sobre el que construirá su crítica de la realidad social en el mundo comunista”.

Y mientras tanto por aquellos años republicanos, aquí en España se gritaba “¡Viva la URSS!”, y  había asociaciones tales como “Amigos de la Unión Soviética”, o se ponían nombres a las calles, como por ejemplo “Avenida de la URSS”. No cabe duda de que el monstruosos Lenin tenía razón cuando hablaba de los “idiotas útiles”


En fin, libro recomendado para los de siempre: para los de la internacional de la mentira, del odio y del terror.



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