sábado, 15 de julio de 2017

Doctrina positiva y negativa ( X )



En estos tiempos actuales de “pensadores y analistas químicos” sociales, vemos que salen a la palestra toda una pléyade de enseñantes que no tienen ni idea de lo que dicen. Como diría D. Gustavo Bueno, lo único que hacen son “ruidos con la boca”. Y es que estos tipos parten de definiciones y conceptos totalmente erróneos.


Como decíamos en el anterior artículo, en éste comentaremos algo sobre el sentido común.

Toda persona normalmente constituida cultural e intelectualmente, no se deja intoxicar por los mass-media, principalmente por la prensa escrita en la que abundan folicularios por doquier.  Esta persona tiende a ser realista y busca las realidades del pensamiento, exigiendo que haya identidad entre lo que son las cosas y la citada realidad, aunque nunca haya oído jamás hablar de filosofía y de lógica, tendiendo a buscar la verdad de las cosas,  no permitiendo ser engañado y buscando separar el grano de la paja aunque, paradójicamente, hay mucho intelectualillo de medio pelo que sí engaña a los demás por  razones “políticamente correctas” e ideológicas.

El sentido común que, como ya se sabe parecer ser el menos común de los sentidos, brilla por su ausencia en estos “tiempos modernos”  de “ilustres “ y “famosos”.  Se hacen críticas ligeras y huecas de todo, mintiendo, omitiendo, engañando y  distorsionando sobre todo en temas de política, historia y religión, dando la espalda a todo razonamiento verdadero, sustituyendo dicho razonamiento por el fanatismo y la “ceguera voluntaria”, que diría Christian Jelen, lo que conduce a una necedad incurable.

Para engañar al pueblo soberano, se recurre con una ligereza mental de lo más feble y propia de mentes pigres, a todo tipo de sofismas para robustecer los “razonamientos”, que no son otra cosa que meras apariencias y conjeturas, con pretensiones científicas,  para salvar  lo que se expone, haciendo abstracción de todas las distinciones trascendentales, lo que lleva a la confusión y a nivelar las cosas sin separar el 
grano de la paja. Así estamos, oiga.

En el próximo artículo veremos lo que el Derecho Romano tenía, y tiene, de doctrina positiva.





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