viernes, 5 de mayo de 2017

Recordando la Historia. La república marxista ( C V )


Las Brigadas Internacionales ( I ). El filosovietismo de Juan Negrín

Vamos a comentar algo sobre las Brigadas Internacionales, así como también algo sobre la III República que proyectaba Juna Negrín, al ver que se derrumbaba la II.

Una vez derribado Largo Caballero, entra en escena el doctor Juan Negrín. Fue un personaje un tanto misterioso ya que fue el único político de aquel entonces que no escribió sus memorias relatando los acontecimientos de aquella época. Era un fisiólogo de mucho prestigio y pertenecía a una familia muy rica. Fue atacado por correligionarios suyos como Araquistain, Prieto o Largo Caballero. También por republicanos como Azaña o por anarquistas como Abad de Santillana. Antes de la guerra, no se había dedicado a la política, si bien había colaborado  en el alzamiento de 1934, sin estar decidido por ningún sector del PSOE. En septiembre de 1936 fue nombrado por Largo Caballero ministro de Hacienda, siendo el responsable del envío del oro español a la URSS.

El consentimiento por parte del gobierno en la forma de manejar el tesoro y la hacienda, le dio a Negrín vía libre para hacer lo que le viniese en gana. Así, en ese mismo año de 1936 convirtió el pequeño cuerpo de carabineros, que vigilaba las fronteras, en un enorme ejército de tropas especiales: los “Cien mil hijos de Negrín” Aunque no era de su incumbencia tal asunto, nadie le dijo nada, a pesar de que el fraude era notorio. El historiador anarquista Abad de Santillana (sinónimo de Sinesio García Fernández), uno de los líderes del movimiento libertario en España, que escribió muchas obras sobre anarquismo, decía al respecto: 

“Tenía la llave de la caja y lo primero que se le ocurrió fue crearse una guardia de corps de cien mil carabineros. Los que consintieron este desfalco al tesoro público de un advenedizo sin moral ni escrúpulos, también deben ser responsabilizados por su negligencia o su cobardía de ese atentado al tesoro y a las conquistas revolucionarias. Tiene el arte maquiavélico de corromper a la gente. Esa política de manos rotas ha hecho posibles operaciones como la del traslado de gran parte del oro del Banco de España a Rusia sin saber en qué condiciones y la apertura de depósitos cuantiosos de centenares de millones en el extranjero para la presunta ayuda a los futuros emigrados de la España republicana. De todo esto no se ha dado cuenta ni siquiera al gobierno. Ha hecho con la tapadera de la guerra lo que ningún gobernante, ni siquiera la monarquía absoluta, había podido hacer en España”.

Zugazagoitia decía que no comprendía la elección de Negrín para la jefatura de gobierno en sustitución de L. Caballero: “¿Cómo fue preferido Negrín? No sabría decirlo”, señalaba.

A partir de este momento Negrín, sin ser comunista, iba a sintonizar perfectamente con Moscú. Su propio partido, el PSOE, lo relegó al olvido, lamentado por uno de sus escasos panegiristas: el comunista Santiago Carrillo, quien dice: “Pocas personas saben que existió un jefe de gobierno republicano durante la guerra civil que se llamó así ¿Quién osa reivindicarle hoy?”  Un dato curioso sobre el mencionado olvido es el siguiente: en 1994, un dirigente ex comunista, Santiago Álvarez, publicó una biografía sobre el doctor intitulada “Negrín, personaje histórico”, Ediciones De la Torre 1994, 499 páginas. La editorial envió información sobre la obra a dos mil centros socialistas de toda España, no recibiendo ni una sola respuesta interesándose por el libro.

Los anarquistas lo odiaron desde el primer día. Abad de Santillana  dice: “¿Sabe alguien cómo piensa Negrín, qué ideas tiene, qué objetivos persigue? Lo único público de la vida de este hombre es su vida privada, y ésta, sin duda alguna, dista de ser ejemplar y de expresar una categoría de persona superior. Una mesa suntuosa y super abundante, vinos y licores sin tasa, y un harén tan abundante como su mesa, completan su sistema”. “Necesita la ayuda de los inyectables para su vida misma de despilfarro y desenfrenos”.

También dice: “No escribió nada, ni sobre temas de su profesión ni sobre ningún otro”. En política “no tiene inclinación alguna. Se acercó a un hombre de prestigio intelectual como Araquistain. Era una especie de lacayo gratuito de ese escritor. Cuando Araquistain reingresó en el PSOE hacia 1930, Negrín pidió también su ingreso, no por convicciones socialistas, sino por seguirle”.

Araquistain, su ex amigo, dice de él: “le conozco íntimamente desde hace veinte años y creo que para mí es una esfinge sin secreto. El resorte de su personalidad es una ambición oculta y desmedida a la cual ha sacrificado todo, viejos y hondos afectos, la lealtad a su partido y los intereses del partido mismo. Ha sacrificado aún mucho más: la República española y el destino de la propia España. Su suerte como hombre de gobierno está asociada al tesoro de la nación. Sabe que el hombre que en una guerra dispone del oro del país es siempre el más fuerte. Acaba siendo indispensable y el último superviviente de todas las catástrofes posibles”.

Largo Caballero dice que “Negrín y sus auxiliares con una política insensata y criminal han llevado al pueblo español al desastre más grande que conoce la Historia de España. Todo el odio y el deseo de imponer castigo ejemplar para los responsables de tan gran derrota será poco”.

El documentadísimo y prestigioso historiador César Vidal, en su libro “Checas de Madrid” (ya comentado en este blog con fecha 24 de febrero de este año), nos cuenta la represión controlada por los comunistas en sus tristemente célebres checas, dedicándole un capítulo a Negrín intitulado “Negrín pacta la dictadura futura con la URSS”. Este autor, después de tener acceso a documentos soviéticos, recientemente desclasificados, tales como una carta de Marchenko a Litvinov (10-11-1938) y otra de George Dimitrov dirigida a Stalin, Molotov, Kaganovich, Voroshilov, etc (25-11-1938), nos dice:

“Sí, a unos meses del final de la guerra, tanto Negrín como el PCE y los agentes soviéticos eran conscientes de que la democracia parlamentaria era ya cosa del pasado” . . . “En el futuro, tras la victoria del ejército popular de la República, se pasaría a un sistema de partido único controlado por el PCE, y a través de éste por Stalin” . . . “Finalmente, los adversarios – socialistas refractarios a la unificación con el PCE, poumistas, anarquistas, nacionalistas o republicanos históricos – sólo podrían esperar el exterminio”.

Esta era la III  república que querían los comunistas y Juan Negrín.

En un próximo capítulo comentaremos algo sobre el libro de César Vidal “Las Brigadas Internacionales”, Ediciones Espasa Calpe, Madrid 1998

Nota.- Fuente: “Los documentos de la primavera trágica. Análisis documental de los antecedentes inmediatos del 18 de julio de 1936”, autor Ricardo de la Cierva, Editorial Secretaría General Técnica, Madrid 1967, 749 páginas.


Continuará.





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